Por Borja Vilaseca

Solemos buscar la abundancia equivocadamente en la dimensión material y económica. Sin embargo, la verdadera riqueza y prosperidad surgen al reconectar con el ser. Es entonces cuando sientes que aquí y ahora tienes lo que necesitas para ser feliz.

Todos hemos sido condicionados, programados y adoctrinados para regirnos desde un viejo paradigma. Es decir, un sistema de creencias basado en la ignorancia del ego, el cual nos aleja de la sabiduría de nuestra propia esencia. Estamos convencidos de que el bienestar y la felicidad dependen de la satisfacción de nuestros deseos. De ahí que nuestra principal motivación sea saciar nuestro propio interés.

Sin embargo, cuanto más queremos que la realidad se adapte a nuestras necesidades y expectativas, más egocéntricos nos volvemos y más sufrimos. Esta es la razón por la que solemos sentir un gran vacío que no conseguimos llenar con nada.

En nuestra sociedad ha triunfado la “filosofía del materialismo”: consideramos que la materia es lo único que existe y que lo real es lo que percibimos a través de nuestros sentidos físicos. Por eso tendemos a medir y valorar los aspectos tangibles y cuantitativos, creyendo que valemos en función de lo que conseguimos y aparentamos. Con el tiempo, muchos acabamos perdiéndonos en el laberinto del bien-tener, marginando por completo lo que somos y sentimos.

LA FILOSOFÍA DEL POSMATERIALISMO
“Hemos construido un sistema que nos persuade a gastar dinero que no tenemos en cosas que no necesitamos para crear impresiones que no durarán en personas que no nos importan”
(Emile Henri Gauvreay)

¿Y qué hay de lo cualitativo, de lo espiritual? ¿Qué hay del ser, de lo que somos? Estamos inmersos en un cambio de paradigma sin precedentes en la historia de la humanidad. Está emergiendo con fuerza la denominada “filosofía del posmaterialismo”. Y esta parte de la premisa de que la realidad está compuesta por una parte material y otra espiritual. Lo cierto es que cada vez más personas están empezando a priorizar los aspectos intangibles y cualitativos, relacionados con el bien-estar. Prueba de ello es que la salud y la felicidad es lo que más valoran las personas conscientes y despiertas.

En este sentido, existen nuevas corrientes sociales posmaterialistas, como el decrecimiento, la simplicidad voluntaria, el movimiento slow, el downshifting… Todas ellas promueven disminuir el nivel cuantitativo de nuestra vida para incrementar el cualitativo. No en vano, la auténtica abundancia reside en nuestro interior. Cuanto más altruistas somos, más felices no sentimos.

Y entonces, ¿qué es la abundancia? Metafóricamente, vendría a ser como un manantial, una fuente de bienestar, felicidad y plenitud que está en lo más profundo del ser. Pero hay que profundizar para llegar hasta él. Para acceder a este manantial, es fundamental interiorizar estas ocho claves:

1. Explora el contraste en tu vida
La mayoría de personas somos pobres espiritualmente. Es decir, estamos totalmente desconectadas del ser, de nuestro manantial interno. Por eso solemos experimentar vacío, escasez y malestar. Curiosamente, solemos creer que la causa de estas desagradables sensaciones tienen que ver con nuestra pobreza externa. En la medida en que gozamos de cierta riqueza material, muchos experimentamos un clic. De pronto al decorado no le falta de nada, verificando que nosotros somos lo único que falta en nuestra vida. Gracias a este contraste nos damos cuenta de que la verdadera abundancia no viene de afuera, sino que nace de adentro.

2. Cuida de tu cuerpo preventivamente
Existe un primer tipo de abundancia: la física, la cual consiste en gozar de salud y de energía vital. Solo por el hecho de que nuestro cuerpo funcione ya podemos sentirnos abundantes. Y si no, preguntémoselo a quienes están aquejados de enfermedades o han sufrido algún tipo de amputación. La salud es nuestra verdadera naturaleza; la enfermedad es un síntoma que pone de manifiesto que algo está fallando. De ahí que sea fundamental cuidar nuestro cuerpo de forma preventiva por medio de un adecuado descanso, una alimentación sana y consciente y un ejercicio físico regular.

3. Practica la sobriedad
Muchos solemos tapar nuestro vacío con todo tipo de sustancias y adicciones. Pero más allá de buscar la gratificación instantánea por medio del placer a corto plazo, es esencial aprender a sostener y aceptar el aburrimiento y la ansiedad que sentimos cuando dejamos de parchear nuestro malestar. En este sentido, es fundamental abrazar la sobriedad, la cual nos permite comprender que el verdadero bienestar no tiene nada que ver con lo estímulos externos, sino con el conexión con el ser. Cuando vivimos conectados nos damos cuenta de que no necesitamos nada de lo de fuera para sentirnos completos y felices. El primer paso consiste en armarnos de valor para desintoxicarnos de todo lo que utilizamos para evadirnos y narcotizarnos. En este caso, la recompensa viene a medio plazo.

4. Cultiva la generosidad y el altruismo
Existe un segundo tipo de abundancia: la psico-espiritual, la cual consiste en sentir amor y felicidad. Más allá de desear y esperar que nos quieran, comprometámonos con amar. No en vano, el verdadero amor beneficia más al que ama, que al que es amado. Curiosamente, la generosidad y el altruismo son la forma más elevada de saciar nuestro egoísmo. Cuando damos desde el corazón, recibimos mucho más de lo que imaginamos. Así, lo que favorece nuestro bienestar espiritual es lo que compartimos, ofrecemos y entregamos a los demás. Procurando el bienestar de los demás es como encontramos el nuestro.

5. Desarrolla la compersión
Si bien en general nuestras relaciones están tiranizadas por la comparación, la envidia y los celos, existe una emoción completamente opuesta: la compersión. Se trata de sentir alegría por la alegría ajena, admirar los talentos que vemos en otras personas, así como aplaudir el éxito ajeno. Cada vez que veamos a alguien abundante y feliz, bendigámoslo, pues quiere decir que nosotros también podemos sentirnos de esa manera. Y cada vez que conozcamos a alguien que ha conseguido algo que a nosotros nos gustaría lograr, felicitémoslo, pues significa que también es posible para nosotros. La envidia nos destruyen y empequeñecen; en cambio la admiración y la compersión nos nutren y engrandecen.

6. Entrena el agradecimiento
Lo que nos hace ricos o pobres no es nuestra realidad, sino la percepción que tenemos de ella. En general solemos quejarnos constantemente cuando las cosas no son como nos gustarían que fueran. Esa es nuestra pobreza. La verdadera riqueza nace cuando valoramos lo que tenemos, disfrutando de lo que está a nuestro alcance. Esta actitud nos llena de positivismo, alegría y buen humor. Lo cierto es que nuestra capacidad de valorar y agradecer es tan infinita como lo es nuestra imaginación. Irónicamente, la mayoría empezamos a valorar lo que teníamos justo en el momento en el que lo perdemos.

7. Haz las paces con el dinero
Existe un tercer tipo de abundancia: la económica, la cual tiene que ver con el tiempo y el dinero que disponemos. Muchos estamos inconscientemente peleados con el dinero. Creemos que es la raíz de todos los males del mundo en el que vivimos. Y que los ricos son personas malvadas, codiciosas y corruptas. Sin embargo, el dinero no es bueno ni malo; es completamente neutro. Es un medio de intercambio. De hecho, es energía. Lo importante es que hacemos para ganar dinero, cómo lo administramos y en qué lo gastamos. El primer paso es hacer las paces con el dinero, dejando de proyectar en él nuestros demonios internos. Curiosamente, las personas verdaderamente ricas espiritual y económicamente suelen ser austeras. Han aprendido a controlar el dinero, en vez de dejar que éste las controle a ellas.

8. Orienta tu vida al bien común
Hay que diferenciar entre objetivo y resultado. Nuestro objetivo no puede ser ganar dinero o tener abundancia. Más que nada porque pensando así solemos corrompernos. En cambio, si nuestro objetivo es generar riqueza, abundancia y prosperidad para otros, entonces el dinero viene como resultando. De este modo podemos actuar de forma completamente íntegra. Las personas verdaderamente abundantes son aquellas que han descubierto su razón de ser, desarrollando una vocación de servicio orientada al bien común, aportando el máximo valor añadido. Si quieres abundancia de la buena, encuentra la manera de ayudar y beneficiar al mayor número de personas haciendo algo que te apasione hacer.

En la medida que ponemos en practica estas 8 claves, terminamos verificando que la abundancia no nace por las cosas que tenemos, sino por las sensaciones que sentimos. Que la riqueza no se logra por lo que tomamos, sino que se crea por lo que aportamos. Y que la prosperidad no se mide por lo mucho más que podemos acumular, sino por lo mucho más que podemos entregar.

*Este artículo es un resumen de la conferencia “Cómo sembrar abundancia en tu vida” impartida por Borja Vilaseca. Si quieres, puedes verla aquí.