Estar en paz con nuestros padres

Por Borja Vilaseca

La madurez no se consigue con los años, sino que deviene cuando nos emancipamos emocionalmente de nuestros padres. Y es que los conflictos que no resolvemos con ellos, nos marcan y acompañan el resto de la vida.

Cuenta una historia que unos padres entregaron unas monedas a su hijo. No se sabe cuántas eran ni tampoco si estaban hechas de oro, de plata o de cobre. Y el joven, indignado, les gritó: “¡Estas no son las monedas que me merezco! ¡Qué injusticia!” Seguidamente pegó un portazo y salió de casa de sus padres con el corazón inundado de dolor. Al verlo sufrir, los padres se hicieron pequeños, apenados por la reacción que había tenido su hijo.

Durante años, la lucha, el conflicto y el sufrimiento marcaron la vida de aquel joven. Sin monedas se le hacía muy difícil vivir. Por eso decidió ir a buscarlas a otra parte. Creyó que aparecerían al iniciar una relación de pareja. Poco después se casó, pero ni rastro de las monedas. Más tarde tuvo su primer hijo. “Seguro que las tiene él”, pensó. Un par de años más tarde confirmó que no era así. Movido por su tozudez, tuvo un segundo hijo. Pero las monedas tampoco estaban ahí.

Casado y con dos hijos, en la superficie todo aparentaba estar bien. Sin embargo, no conseguía llenar su vacío. Su vida carecía de sentido. Y seguía sufriendo. Finalmente, hacia los cuarenta años, el protagonista de esta historia decidió ir en busca de un terapeuta. Y tras realizar un profundo proceso de autoconocimiento, finalmente dio por concluida la terapia. Al liberarse del dolor, por fin vio con claridad dónde estaban las monedas.

Con lágrimas en los ojos, volvió a casa de sus padres. Lo primero que hizo fue disculparse por la forma en la que se había comportado con ellos. También les agradeció todo lo que habían hecho por él. Y entre abrazos, les pidió que por favor les devolvieran las monedas: “Ahora sé que son las que necesito para ser feliz y seguir mi propio camino.” Los padres, engrandecidos por el amor de su hijo, le entregaron las mismas monedas que años atrás había despreciado. No se sabe cuántas eran ni tampoco si estaban hechas de oro, de plata o de cobre. Al salir de casa de sus padres y despedirse cariñosamente de ellos, notó como la lucha, el conflicto y el sufrimiento comenzaron a despedirse de él. En el momento en que aceptó, tomó y agradeció las monedas de sus padres, se reconcilió consigo mismo y con la vida.

 NO HAY CULPABLES
“Hagamos lo que hagamos, nuestros hijos crecerán con algún trauma por la manera en la que interpretaron las cosas que hicimos.”
(Sigmund Freud)

Este cuento, inspirado en el libro ¿Dónde están las monedas?, de Joan Garriga, ilustra el camino que todos podemos elegir para resolver parte de nuestros conflictos internos. No en vano, la sombra de papá y mamá es alargada. Y esconde alguno de nuestros peores temores y se nutre de las heridas que más nos cuesta curar. De ahí que muchos adultos se hayan distanciado emocionalmente de sus padres. En algunos casos, debido al rencor, incluso llevan años sin dirigirse la palabra.

Debido a nuestra falta de madurez, los hijos solemos culpar a nuestros progenitores por el tipo de inseguridades, carencias y frustraciones que arrastramos desde la infancia y que se acentuaron durante la adolescencia. Y en definitiva, les negamos nuestro amor porque ellos no nos quisieron como nos hubiese gustado. Pero detengámonos un instante. ¿Dónde está escrito que los padres tengan que amar a sus hijos? Sería maravilloso que todos los padres quisieran a sus hijos como estos necesitan ser queridos. Pero no es así. ¿Cómo nos van a querer nuestros padres si no saben amarse a sí mismos?

Nuestros padres y madres, antes de padres y madres, son seres humanos. Y tienen sus propias heridas. Nos quejamos de nuestra mochila emocional cuando en general ellos cargan con una maleta bastante más pesada. Por más barbaridades que hayan podido cometer, nuestros progenitores lo han hecho lo mejor que han sabido. Esta es una lección de la vida que muchos aprendemos demasiado tarde. Normalmente cuando nos convertimos en padres y comprendemos lo desafiante y agotador que puede ser educar a un hijo. De pronto recordamos que nuestros padres nos cambiaron el pañal siete veces al día cuando éramos bebés. Y que se pasaron muchas noches sin dormir, atormentados por el estridente sonido de nuestro llanto. De un día para el otro dejaron de ser los protagonistas de sus propias vidas.

EMANCIPACIÓN EMOCIONAL
“La madurez consiste en aceptar y amar a tus padres tal como son, sin esperar que ellos te acepten y te amen tal como eres.”
(Irene Orce)

Emanciparse emocionalmente de nuestros padres consiste en cortar definitivamente el cordón umbilical que nos mantiene atados a ellos. Depender de su aprobación dificulta que seamos libres para seguir nuestro propio camino en la vida. No en vano, convertirse en una persona adulta implica haber resuelto nuestros traumas de la infancia. El hecho de que sigamos en guerra con nuestros padres pone de manifiesto que seguimos sin sentirnos en paz con nosotros mismos. Por eso se dice que la adolescencia se sabe cuándo empieza, pero no cuando termina.

Esta emancipación pasa por dejar de esperar algo de ellos, incluyendo que nos acepten, que nos apoyen y que nos quieran. Así es como empezamos a aceptarnos, apoyarnos y querernos, fortaleciendo nuestra autoestima y confianza en nosotros mismos. El indicador más fiable es que hemos conquistado la madurez emocional es que estamos agradecidos por todo lo que hemos recibido de nuestros padres. O mejor dicho, por el aprendizaje derivado de cómo se han relacionado con nosotros. Es cierto que hay hijos que han heredado falta de afecto, malos tratos, e incluso deudas. Sin embargo, el viaje de la emancipación implica comprender que en cada problema o adversidad se esconde un aprendizaje oculto, que es precisamente el que necesitamos para conocernos y saber verdaderamente para qué estamos aquí.

Al comprender y perdonar los errores de nuestros padres, nos liberamos definitivamente de ellos. A partir de entonces, al mirar hacia atrás solo vemos gratitud. Y cada vez que caminamos hacia adelante, nuestro corazón se llena de confianza. El primer paso para transitar esta senda consiste en cuestionar la manera en la que hemos interpretado nuestra historia familiar. Y seguir cuestionándola hasta que consigamos poner en orden el lugar de dónde venimos, aceptando, valorando y agradeciendo de corazón las monedas que en su día nos entregaron.

Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado domingo 15 de septiembre de 2013.

By |2018-10-02T17:01:58+00:0015 septiembre, 2013|Familia y pareja|19 Comentarios

19 Comentarios

  1. Lucia López Tapia 26 diciembre, 2016 at 4:10 am - Reply

    No hay algo mas grande que un corazón agradecido hacia los padres y amarlos tal y como son.

  2. Susana 26 diciembre, 2016 at 10:34 am - Reply

    Gracias Borja, es un regalo tener a personas como tú, que ayuden en este proceso que tanto nos dificulta avanzar. Gracias, gracias, gracias.
    Te pido por favor una academia por Sevilla para adolescentes ????

  3. Marian Miró 26 diciembre, 2016 at 10:57 am - Reply

    El artículo es altamente instructivo y cintiene sin duda la clave para poder vivir con bienestar subjetivo o estabilidad emocional. Para ello no es evidentemente creer en lo que se nos dice, sino encontrar un buen terapeuta que nos posibilite poder encontrar nuestras propias monedas, porque dificilmente una persona las emcontrará por si sola.

  4. Ana carolina 26 diciembre, 2016 at 3:04 pm - Reply

    Que buen articulo. Estoy en ese proceso de sanar heridas profundas con mi padre y este mensaje de las monedas me ha hecho reflexionar para ver el proceso con otros ojos. Muchas gracias

  5. Teresa Banda 27 diciembre, 2016 at 6:51 am - Reply

    Exelente es algo que situa mis ideas en su lugar

  6. M.Sol. 27 diciembre, 2016 at 7:17 am - Reply

    Muy interesante!!
    Os aconsejo que lo leais!!
    Estoy totalmente de acuerdo con el artículo de Borja Vilaseca. La necesidad de emanciparte agradeciendo lo que de bueno pudieron hacer tus padres por tí, un verdadero indicador de tu madurez emocional!! Ojalá el artículo sirva para hacernos reflexionar!!!

  7. ANA 27 diciembre, 2016 at 2:26 pm - Reply

    Me ha gustado mucho tu artículo….nunca me había planteado lo que explica que fuese así

  8. Juan Carlos peralta 27 diciembre, 2016 at 6:58 pm - Reply

    Buenísimo

  9. Laura 27 diciembre, 2016 at 7:30 pm - Reply

    Muchas gracias, tiene mucho sentido! .

  10. Ma. Ahidee Delgado Morales 1 enero, 2017 at 4:20 am - Reply

    El honrar a nuestros padres, nos libera de sus proyectos no sanados.

  11. Maria jesus Muelas gil 5 enero, 2017 at 6:26 am - Reply

    Muy bueno si, estoy tratando de aceptar las monedas de mi madera, pero no lo consigo, y es el regalo de reyes queríamos quisiera , siempre me he ĺevado bien con ella, xq hacia lo que ella quería. Ahora, a los 52 años de vida, he decidido ser yo misma y en mi relación con ella, solo tengo peleas y discusiones con ella,
    Como gestionó esto?
    Quiero estar en paz con ella sin dejar de ser yo.
    Gracias

  12. Barbara 23 enero, 2017 at 11:11 pm - Reply

    wuao justo en el clavo tengo 19 años y esto que lei me va muy bien. Muchas gracias que dios, el destino o nose quien les pague lo agradecida que estoy.

  13. Ana 5 marzo, 2017 at 7:25 pm - Reply

    Es un articulo ejemplar, en lo personal cuestiono el autoritarismo patriarcal, pero la construccion de una autoestima basada en mis esfuerzos, hizo cambiar tambien las conductas de mi padre quien aprendio a respetar mis decisiones y ser agradecido por mis cuidados.
    Es una tarea ardua y llena de lágrimas pero mejor es estar en paz.eso te fortalece aún más

  14. Susana 20 julio, 2019 at 5:15 pm - Reply

    Y cómo se puede perdonar un maltrato fisico y psiquico en la infància? Llevo mucho trabajo hecho pero no puedo evitar caer un par de veces al año y sentir de nuevo un gran ressentimento hacia ella.

  15. Maria Caicedo 30 noviembre, 2019 at 3:16 pm - Reply

    Eres grande , un articulo perfecto para lo que está pasando hoy en mi vida !!! Graciasssss

  16. Marismol 3 diciembre, 2019 at 2:06 pm - Reply

    Hoy, soy la madre a la que se tiene que perdonar, por un hijo que se dejó al cuidado de sus abuelos, por la ignorancia, pero con la mejor intención, por ambas partes.
    Madre soltera a los 19, que tuve que trabajar para la manutención de mi hijo, vivimos en casa de mis padres al cuidado de ellos y bajo su ejemplo para nuestra formación, hasta que a los 30, decidí formar una nueva familia; en la que mi hijo después de tres años de vivir en este proceso que no fue adecuado para el, con el apoyo de mis padres deciden que regrese con ellos.
    No tengo palabras para explicar lo difícil y traumático de ese momento tanto para mis [email protected] como para mi y el poco valor que tuve para evitar que las cosas fueran así.
    He vivido un proceso muy largo de sanación y justo hoy que leo el artículo sigo a la espera que mi hijo se comunique conmigo, después de un momento desagradable después de que falleciera mi padre hace algunas semanas.

  17. Gerard foz Bosch 11 enero, 2020 at 6:45 am - Reply

    Sabes lo que más me gusta de ti querido Borja… que de manera sencilla explicas las dudas que todos tenemos en algún momentondado de nuestro regreso al ser. Eres un guía. Muchas gracias campeón

  18. RUBEN 11 enero, 2020 at 5:15 pm - Reply

    No estoy para nada de acuerdo con esta publicación de BORJA VILASECA. Para empezar, comentar que muchos de los defectos y mala educación que encontramos en una persona, es el fracaso de los padres que hay “detrás” de dicho individuo y no lo han sabido educar. Seguidamente decir..que en nuestra sociedad existe una especie de mantra..donde se tiende a martilizar a los padres, que son los sabios consejeros y los hijos los inmaduros que no saben nada de la vida y encuentran desdichas por no hacer caso de los consejos de los padres. Falso. BORJA VILASECA, los padres se equivoca y mucho. En mi caso, mi propia madre nunca he sido su prioridad en la vida, porque siempre antepone a sus parejas antes que a su hijo. Hasta el punto de no escuchar los problemas en la adolescencia de su hijo, porque si dejaba de estar junto a su pareja, se podía poner celosa y no estaba siendo una buena esposa. Con otras parejas, no dejar que fuéramos a visitarla, porque el fin de semana era para dedicársela a su pareja (entre semana no nos veíamos por trabajo). Si un día estabajos tomando un cafe para vernos y su pareja la llamaba para decir que venía, debíamos dejar todo lo que estábamos haciendo, para ella ir corriendo a estar junto a su pareja. Eso si..los periodos en que no tenía pareja, era yo el tonto de su hijo, el que la ayudaba cuando necesitaba un arreglo en la casa o que gestionase algo..Hay padres muy egoistas que primero son ellos y luego son sus hijos y yo doy fe de ello.

  19. Daniela 12 enero, 2020 at 3:23 pm - Reply

    La persona que puso que está en desacuerdo con el artículo…entiendo un poco su sentimiento y su experiencia pero también parece q no entendió el artículo…porque si bien nuestros padres se equivocan y mucho …el artículo dice sobre perdonar para que nuestra vida sea mejor …se nota q es una persona con mucho rencor y dolor acumulado y no lo culpo ..pero debe aprender a sanar ,por amor propio ,a pesar de los padres q tuvo …

Deja un comentario

Utilizamos cookies propias y de terceros para mejorar la experiencia de navegación, y ofrecer contenidos y publicidad de interés. Al continuar con la navegación entendemos que se acepta nuestra Política de cookies ACEPTAR
Aviso de cookies