Por Borja Vilaseca

La ilusión de la democracia consiste en creer que nuestro poder como ciudadanos consiste en votar cada cuatro años; sin embargo, la cruda realidad es que el poder político está subyugado al poder financiero.

El dinero no es republicano ni demócrata. Tampoco de derechas o de izquierdas. El dinero es dinero. De ahí que al gobierno de las corporaciones -conocido como «la Corporatocracia»- la ideología política le traiga sin cuidado. Simplemente procura que quien tome las decisiones oficiales sea un miembro más de su exclusivo clan. Este es uno de los propósitos de las conocidas reuniones anuales del Club Bilderberg, a las que asisten -por invitación expresa- las 130 personas más influyentes del mundo.[i]

Sin ir más lejos, al gobierno presidido desde 2009 por Barack Obama se le llama «el gobierno de Goldman Sachs».[ii] Y no es para menos. Este grupo de banca de inversión fue uno de los principales donantes de la espectacular campaña de marketing que permitió que Obama -con su «Yes we can!»- se convirtiera en el primer presidente afroamericano de la historia de Estados Unidos.

La mano derecha de Obama en el gobierno durante sus dos legislaturas fue el Secretario del Tesoro, Timothy Geithner. Es decir, el encargado de administrar las finanzas económicas del Estado. Antes de ocupar este cargo público, Geithner había sido el presidente de la Reserva Federal y directivo de Goldman Sachs. Y no es la primera vez que se produce esta sinergia entre la Casa Blanca y Wall Street. Otros altos ejecutivos de Goldman Sachs, como Robert Rubin, Lawrence Summers y Henry Paulson también lideraron la Secretaría del Tesoro de los Estados Unidos, independientemente de si gobernaban los demócratas o los republicanos.[iii]

Como principal miembro de la Corporatocracia, Goldman Sachs tuvo un papel protagonista en el desplome financiero iniciado a finales de 2008 con la quiebra del gigante Lehman Brothers. Sin embargo, mientras millones de familias se quedaron con todos sus miembros productivos en el paro, ese mismo año los bancos de Estados Unidos -encabezados por Goldman Sachs- recibieron del Estado un rescate de 700.000 millones de dólares, según la versión oficial.[iv] Y tal y como dictamina la ley, una parte de este dinero se empleó para bonificar a sus equipos directivos y pagar a sus accionistas. En 2010, en plena debacle financiera mundial, los altos directivos de Goldman Sachs se repartieron 111 millones de dólares en dividendos.[v]

UN MUNDO SIN IDEOLOGÍAS
«Sólo después de que el último árbol haya sido cortado, de que el último río haya sido envenenado y de que el último pez haya sido pescado, la humanidad descubrirá que el dinero no se puede comer»
Proverbio indio

Lo queramos o no ver, ya no vivimos en un mundo de naciones e ideologías. Lo único que existe es un sistema monetario internacional regido por leyes y transacciones económicas y comerciales, que condicionan nuestra vida en este planeta. Las grandes corporaciones se han hecho con el control de la Tierra.[vi] Este imperialismo corporativo lleva décadas perfeccionando y consolidando su sistema de funcionamiento global. Entre otros nombres, se le denomina «totalitarismo económico». En términos generales, se define como «totalitarismo» a aquellos regímenes que coartan y restringen seriamente la libertad del pueblo, y donde el Estado ejerce un poder absoluto mucho más sofisticado que el de las monarquías o dictaduras de siglos anteriores.

Cabe insistir en que la Corporatocracia ha comprado al Estado. Es su dueña. Y como tal, determina nuestro actual estilo de vida, basado en trabajar para una empresa, pagar impuestos al gobierno y abonar los intereses de la deuda a la banca. Es cierto que el sistema capitalista es una máquina de generar crecimiento económico. Y también es verdad que ha posibilitado el espectacular desarrollo material y tecnológico acaecido durante el siglo XX en gran parte del mundo. Sin embargo, la Reserva Federal -en colaboración con su extensa red de bancos centrales y comerciales- mantiene a los ciudadanos en un estado de esclavitud económica por medio de la deuda, la inflación y el interés. Mientras, el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial del Comercio tratan de propagar este estado de sumisión a escala mundial. Es el lado oscuro del imparable proceso de globalización económica.

Como reacción de protesta, surgieron a finales del siglo XX los «movimientos antiglobalizadores», más conocidos como «altermundismo». Se originaron durante el Foro Social «Otro mundo es posible», cuya primera edición fue en enero de 2001 en Porto Alegre, Brasil. Y desde entonces, este grupo de activistas se ha convertido en el portavoz mundial de todos aquellos que cuestionan el dogma neoliberal promovido por la Corporatocracia.

¿QUIÉN NOS PRESTA UN TRILLÓN DE DÓLARES?
«Es mejor acostarse sin cenar que levantarse con deudas»
Benjamin Franklin

1.000.000.000.000.000.000$. O lo que es lo mismo: un trillón de dólares. Por más absurda que nos pueda parecer, esta cifra corresponde a la deuda pública mundial acumulada en 2012.[vii] Es decir, lo que deben todos los Estados del planeta. Y eso que muchos gobiernos siguen sin corregir su déficit, gastando mucho más de lo que ganan. Y como no podía ser de otra manera, esta cifra aumenta año tras año en casi todos los países. Por eso la inflación es una constante en la economía.

A día de hoy ya nadie sabe cuánto es un trillón de dólares y mucho menos cómo vamos a saldar tamaña deuda… ¿Cómo hemos llegado a este callejón sin salida? ¿Quién va a pagarla? ¿Quiénes son los verdaderos responsables? Lo fácil es señalar al sistema financiero. Pero culpar a los banqueros por la crisis económica es como culpar a la comida basura de que exista la obesidad.[viii] La incómoda verdad es que -como especie- hemos gastado más de lo que nos correspondía, y ahora nos toca pagar la factura. Todos los que hemos ahorrado dinero, hemos pedido algún crédito o nos hemos hipotecado somos co-responsables. Sin las entidades financieras la crisis no se hubiera producido, pero tampoco el espectacular crecimiento económico y material cosechado en las últimas décadas.

Como consecuencia de sus escándalos, excesos, quiebras y rescates sonados, la fe ciega en este sistema financiero se ha desvanecido. Desde 2008 hasta 2012 los gobiernos utilizaron más de 4,6 billones de dólares para rescatar a la banca.[ix] En España, el caso más reciente lo ha protagonizado la entidad financiera Bankia. Los 19 miembros del consejo de administración de esta corporación se repartieron 6,5 millones de euros durante 2011, en concepto de retribuciones por su trabajo al frente del banco.

Si bien el equipo de gestión declaraba haber ganado 309 millones de euros, los auditores que posteriormente revisaron dichas cuentas verificaron que la entidad arrastraba unas pérdidas de casi 3.000 millones de euros, que fueron subsanadas con dinero público.[x] De forma legal, en este sector las ganancias se privatizan en forma de bonus y primas para los directivos y accionistas, mientras que las pérdidas provocadas en la economía real se socializan. Como contribuyentes, las pagamos por medio de los impuestos, cada vez más elevados.[xi]

LA ESCLAVITUD ECONÓMICA MODERNA
«Hay dos maneras de conquistar y esclavizar a una nación: una es con la espada y la otra, con la deuda»
John Adams

El sistema de reserva fraccional de expansión monetaria perpetrado por la Fed es, en sí mismo, un sistema de esclavitud económico moderno. No en vano, el endeudamiento es una sutil forma de control social. Nos vuelve mucho más dóciles y obedientes a la hora de seguir las directrices promovidas por el orden establecido. Al vivir endeudados, nos vemos en la necesidad de competir por empleos que nos permitan cubrir nuestros costes de vida y pagar los intereses al banco. No se trata de una conspiración, sino de un hecho: la gente más rica del mundo ostenta el control del sistema monetario del país con mayor poderío del planeta. Al fin y al cabo, todos estamos, de alguna manera u otra, en deuda con alguna entidad financiera. Y todas ellas están en deuda con los bancos centrales que las respaldan, los cuales, a su vez, están endeudados con la Fed.

Lo más doloroso y difícil de aceptar es que una parte de los deudores atrapados en este sistema siempre fracasará a la hora de devolver sus préstamos a sus acreedores. Sencillamente porque no hay suficiente dinero. Esta situación se puede maquillar durante un tiempo a base de pagar los intereses de créditos anteriores con nuevos préstamos. Sin embargo, tarde o temprano esta «burbuja crediticia» termina estallando.

Es como en el famoso juego de las sillas, en el que 20 personas bailan alrededor de 19 sillas. Y cuando la música se detiene todos tienen que sentarse. Una de las personas se queda sin silla y es eliminado. Seguidamente se retira otra silla y se vuelve a poner la música. Lo mismo está sucediendo en el escenario económico actual. Cada vez hay más individuos, familias y empresas que están declarándose en bancarrota. Y mientras la música siga sonando, el juego continúa. Hasta que no queden sillas.

Este artículo es un extracto del libro «Qué harías si no tuvieras miedo», publicado por Borja Vilaseca en abril de 2012.

NOTAS BIBLIOGRÁFICAS
[i] Información extraída del libro Los secretos del Club Bilderberg, de Daniel Stulin.
[ii] Información extraída del libro El Banco. Cómo Goldman Sachs dirige el mundo, de Marc Roche.
[iii] Idem
[iv] Según la Wikipedia.
[v] Dato extraído del libro El Banco. Cómo Goldman Sachs dirige el mundo, de Marc Roche.
[vi] Información extraída de la película Network, de Sidney Lumet.
[vii] Dato extraído del artículo La deuda mundial, por las nubes, publicado por Daniel Marín en Intereconomía el 5 de agosto de 2012.
[viii] Afirmación extraída del libro El gran reset, de Richard Florida.
[ix] Según la Wikipedia.
[x] Idem.
[xi] Información extraída del libro Nada está perdido, de Susana Martín.