Las ocho principales prácticas transformadoras del Eneatipo 3 – Eneagrama

Las «prácticas transformadoras» son el conjunto de insights y experiencias relacionadas con el cuerpo, la mente y el espíritu que más contribuyen al desarrollo de la consciencia y la reconexión con el ser esencial. Todas ellas están orientadas a dejar de alimentar y reforzar el ego, de manera que el yo con el que estamos tan identificados se vaya debilitando hasta que finalmente muera de inanición. Esta es la razón por la que al principio sintamos cierta aversión y resistencia llevarlas a cabo.

Prácticas transformadoras para el Eneatipo 3

Ser honesto. El primer paso para transformarse es tal vez el más difícil: dejar de autoengañarse. Lleva toda la vida contándose una serie de mentiras a sí mismo para justificar su afán de trabajar como un autómata, proveerse la mejor vida material posible y presentarse ante los demás como una persona encantadora y exitosa a la que todo le va estupendamente. Para poder hacer añicos esta deslumbrante máscara social egoica es fundamental que empiece a ser radicalmente honesto consigo mismo. Y es que por muy bien que le vayan las cosas en el plano laboral y económico, ha de tener el valor de mirarse en el espejo y preguntarse cómo se siente a nivel emocional. Y en caso de no sentirse verdaderamente feliz iniciar un proceso de cambio.

Conectar con su valía. Su deseo de llegar a ser alguien le ha llevado a desconectarse totalmente de sí mismo, sintiéndose hueco, vacío y mediocre. Para sanar su autoestima ha de dejar de proyectar su valía en lo que hace, lo que tiene, lo que consigue y lo que aparenta. Y que comprenda que su verdadera esencia es como un diamante de un valor incalculable. Para ello ha de dedicar tiempo y energía a conocerse en profundidad, venciendo su miedo a mirar en su interior por temor de no encontrar nada. Gracias al autoconocimiento va quitando capas y capas del personaje que ha construido para gozar de una determinada imagen. Y llega un día en el que por fin distingue entre el disfraz egoico y su auténtica identidad. Ese día marca un punto de inflexión en su vida.

Vencer el miedo al fracaso. Más allá de comprar el éxito arquetípico que le ha vendido el sistema, ha de reflexionar acerca de qué es lo que tiene verdadero valor, una cuestión personal, subjetiva e intransferible. De ahí la importancia de descubrir qué es lo que a él más le importa, sin importar lo que la gente piense acerca de dicho descubrimiento. Y es que no hay mayor éxito que ser fiel a uno mismo. Eso sí, el gran obstáculo que ha de vencer es superar su miedo al fracaso. Es decir, a que le vayan mal las cosas, no disponga de recursos suficientes y sea percibido como un perdedor. La paradoja es que son estos temores los que le llevan a seguir un camino profesional que nada tiene que ver con su verdadera esencia. Y por ende, a que tarde o temprano se sienta un impostor y un fracasado.

Abrazar el posmaterialismo. Si bien el materialismo le proporciona una existencia mucho más cómoda, lujosa y placentera, ha de comprender que la felicidad no tiene tanto que ver con la adquisición de dinero, la acumulación de propiedades ni el consumo de bienes materiales. Más que nada porque es patrimonio del ser esencial y deviene cuando vive conectado consigo mismo. De ahí la importancia de cultivar su vida interior para entrar en contacto con su dimensión espiritual. Evidentemente esto no pasa por demonizar el materialismo. Ni mucho menos por renunciar a él. Sino más bien por abrirse a una visión posmaterial, entendiendo que las cosas más importantes de la vida no son cosas. Y que por tanto no pueden comprarse con dinero.

Vivir con propósito. Con la finalidad de lograr sus objetivos egoicos, tiende a haber cursado aquellos estudios y entrando en aquellos sectores que parecían garantizarle estatus profesional y seguridad financiera. Pero este tipo de ambiciones suelen llevarle a seguir una senda carente de alma. De ahí que incluso habiendo triunfado, sienta que ha perdido su alma en el proceso, llegando a sentirse muerto en vida. Para revertir esta situación, ha de buscar el verdadero sentido de su existencia, de manera que pueda vivir con propósito. Y esto pasa por seguir su pasión, honrar su talento y aportar una contribución significativa haciendo algo que ame hacer. Solo entonces empezará a disfrutar del camino, dejando de obsesionarse por llegar a la meta.

Crear riqueza. Una de sus aspiraciones egoicas es ganar dinero. Sin embargo este legítimo afán de lucro termina corrompiéndolo. Esencialmente porque llega un día en el que deja de importarle lo que hace ⎯o el valor que aporta⎯, centrándose exclusivamente en cuánto va a facturar por el tiempo invertido y los servicios prestados, convirtiéndose en un mercenario. Parte de su transformación pasa por concebir el dinero no como un objetivo, sino como un resultado. Y es que para evitar prostituir sus valores esenciales su finalidad ha de ser crear prosperidad para la sociedad, dedicándose a resolver problemas, atender necesidades reales y aportar valor añadido. La paradoja es que actuando de este modo entra en un círculo virtuoso: cuanta más riqueza genera, más dinero cosecha.

Disfrutar del ocio. Cuando vive identificado con el ego tiende a glorificar el estar todo el día ocupado, trabajando incansablemente en pos de recompensas externas. No le gusta tener tiempo libre, pues así evita parar para reflexionar, preguntándose por qué y para qué hace lo que hace ni cómo se siente al respecto. Lo cierto es que la laboriosidad constante se convierte en su antidepresivo natural. Sin embargo la verdadera productividad no consiste en hacer más, sino en hacer lo importante. Y esto pasa por aprender a disfrutar del ocio y a valorar el descanso, pasando tiempo de calidad con la familia y los amigos. Es fundamental que se permita llevar a cabo aquellas actividades que le hagan sentir vivo y conectado, aunque no le reporten un beneficio económico.

Mostrarse auténtico. Haga lo que haga con su vida siempre va a tener detractores. Y es que no importa las decisiones que tome o el camino que siga, pues en todo momento va a haber personas que lo critiquen. Al comprender que es imposible no tener haters, poco a poco deja de afectarle y limitarle lo que piense la gente. Y como consecuencia se siente cada vez más libre para quitarse la careta y mostrarse auténtico. Por otro lado, también ha de vencer su miedo a intimar por temor a que descubran quién es en verdad. Para lograrlo es fundamental que establezca y cultive relaciones genuinas con personas de confianza. Principalmente para que ⎯en caso de necesitarlo⎯ pueda compartir sus frustraciones y sentirse apoyado.

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