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Los tres instintos (o subtipos) del Eneatipo 4 – Eneagrama

Los «instintos» o «subtipos» son las necesidades y motivaciones más básicas relacionadas con nuestro centro visceral. No en vano los seres humanos vivimos atrapados en cuerpos de animales que cuentan con sus propios intereses, deseos, miedos, apegos, preocupaciones, obsesiones y aspiraciones. Y a menos que seamos conscientes de ellos, estas pulsiones primarias acaban convirtiéndose en la fuerza motora de nuestra identidad egoica.

Según el Eneagrama existen tres instintos principales: «conservación», «sexual» y «social»1. Si bien todos tenemos de los tres, uno de ellos suele ser dominante, estando más activo durante toda nuestra vida. Es al que le damos más importancia y donde el ego le pone más energía y atención. Sin embargo, en ocasiones un instinto puede tener más protagonismo que otros en función del momento vital que estemos viviendo y del tipo de circunstancias en las que nos encontremos. En otros casos hay personas que apenas tienen activado alguno de estos instintos, marginándolo por completo. El reto es satisfacer las necesidades reales de cada uno de estos tres instintos, pero sin pasarnos de la raya, tanto por defecto como por exceso.

El «instinto de conservación» nos lleva a poner el foco de atención en nosotros mismos ⎯y en nuestra familia⎯, especialmente en relación a nuestra seguridad y supervivencia físicas. Es nuestra parte más práctica y materialista, orientada a lograr los recursos económicos necesarios para lograr la estabilidad y prosperidad financieras. Este instinto nos llena de miedo a la escasez, a no gozar del sustento suficiente para proveernos una buena vida. Tiene que ver con los hábitos y las rutinas que establecemos para cuidar de la salud y el bienestar de nuestro cuerpo. Y con la pulsión de contar con un hogar (o refugio) en el que sentirnos cómodos y protegidos. Y en definitiva, nos motiva a buscar la autonomía y la autosuficiencia para que no nos falte de nada.

El «instinto sexual» nos lleva a poner el foco de atención en los demás, especialmente en aquellos con quienes mantenemos relaciones íntimas o deseamos mantenerlas. Es nuestra parte más presumida y seductora, orientada a atraer y conquistar a las personas que deseamos. Este instinto nos llena de miedo a no ser lo suficientemente atractivos y quedar rezagados en la competición sexual. Tiene que ver con lo que hacemos para adornar nuestra personalidad y tener más posibilidades a la hora de elegir a nuestra pareja o a nuestros compañeros sexuales. Y con la pulsión de caer bien, gustar, amar y ser amados, dar y recibir afecto, copular y procrear. Y en definitiva, nos motiva a buscar el modo de garantizar los mejores genes para nuestra descendencia.

El «instinto social» nos lleva a poner el foco de atención en cómo nos relacionamos y posicionamos socialmente, tanto en nuestros vínculos laborales como de amistad. Es nuestra parte más sociable y colaborativa, orientada a sentirnos útiles e importantes, gozando de cierto estatus, poder e influencia. Este instinto nos llena de miedo a ser abandonados, rechazados y excluidos. Tiene que ver con la necesidad de pertenecer a algún grupo o comunidad que comparta nuestros valores, sintiendo que formamos parte de algo más grande que nosotros mismos. Y con la pulsión de contribuir, aportar valor, autorrealizarnos, impactar y dejar un legado en la sociedad. Y en definitiva, nos motiva a buscar nuestra vocación, así como a encontrar el sentido y el propósito de nuestra vida.

1  El creador de esta corriente fue Claudio Naranjo, quien los llamó «subtipos».

Los 3 instintos (o subtipos) del Eneatipo 4

Conservación. Cuando este instinto está más exaltado el ego tiende a poner el foco de atención en sí mismo, tratando de que tanto su estilo de vida como sus bienes materiales reflejen su refinamiento y originalidad. Tiende a poseer objetos sofisticados y estéticos con los que se identifica emocionalmente. También suele ser más profundo, introspectivo e introvertido. Intenta pasar desapercibido para que no se le note la envidia. Y también es mucho más sufrido, tragando y soportando emociones muy dolorosas con tenacidad y sin llamar la atención. Cree que actuando así la vida le compensará de alguna manera, haciendo realidad sus fantasías. Pero al no verlas cumplidas se vuelve un alma en pena.

Sexual. Cuando tiene este instinto más pronunciado el ego tiende a poner el foco de atención en sus relaciones íntimas. Y en caso de tenerlos, en su pareja y en sus hijos. Cree que ha de convertirse en alguien muy peculiar e interesante para atraer y conseguir a las personas que desea. Es excesivamente trágico-romántico y con un cierto aire de divo. Está convencido de que se merece tener todo lo que quiere. Tiende a sentir una envidia visceral y agresiva hacia quienes poseen lo que a él le falta, haciéndoles sentir inferiores para sobrecompensar su propio sentimiento de inferioridad. Y llega a sentir tanto odio y desprecio por ellos que anhela destruirlos emocionalmente, volviéndose insoportable e insufrible.

Social. Cuando este instinto domina su personalidad el ego tiende a poner el foco de atención en la sociedad y en el mundo. En este caso tiende a ir siempre a contracorriente para reafirmar de manera forzada lo diferente que es de la mayoría. No encaja en ningún lugar, ni siquiera entre los inadaptados. Vive inmerso en un infierno de comparaciones. Y siempre sale perdiendo. Es tan extrovertido que no duda en compartir sus miserias emocionales con el primero que le pregunta qué tal se encuentra. Debido a su constante lamento y a su infinita desesperación, se convierte en un sufridor nato. Envidia la felicidad ajena, pero la rechaza por considerarla banal, común y vulgar.

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