Las once principales cualidades esenciales del Eneatipo 2 – Eneagrama

Las «cualidades esenciales» son las actitudes, conductas, fortalezas, habilidades, dones y talentos innatos que manifestamos de forma natural cuando vivimos conectados con el ser esencial y estamos guiados por la motivación trascendente. También son la manera consciente, sabia y proactiva con la que respondemos a determinados estímulos externos, permitiéndonos así preservar nuestro bienestar interno.

Las once principales cualidades esenciales del eneatipo 2 son:

Altruismo. Vive desprendido de su ego. Sus decisiones y acciones no están movidas por su propio interés, sino que son verdaderamente altruistas y desinteresadas. Todo lo que hace con su vida es inherentemente bueno para los demás. Y también es bueno para sí mismo. En caso de no ser así, no lo hace.

Amabilidad. Es muy atento, agradable y cordial en el trato, haciendo sentir bien a cada persona con la que interactúa. Se relaciona con todo el mundo con la misma consideración y amigabilidad, sin importar el estatus social que ocupe. Su amabilidad y cortesía son tan genuinas que no pasan inadvertidas.

Atracción. Desprende un atractivo irresistible, el cual lo convierte en un imán social, provocando que la gente quiera estar a su lado y pasar tiempo con él. Su presencia bondadosa genera que los demás se sientan muy bien consigo mismos cuando están cerca suyo. Sabe cómo llegar al corazón de cualquier persona.

Compersión. En vez de sentir celos, siente compersión. Se trata de un estado empático de bienestar que experimenta cuando alguien al que ama vive algún momento de complicidad o de disfrute con otra persona que no es él. Le produce felicidad ver a sus seres queridos felices, aun cuando lo sean con otros.

Empatía. Tiene mucha facilidad para salir de sí mismo y ponerse en los zapatos de la persona que tiene delante, intuyendo qué está pensando y sintiendo en un momento dado. Y seguidamente, decir o hacer exactamente lo que el otro necesita para sentirse amado por quién verdaderamente es.

Filantropía. Es una persona completamente entregada a los demás y a la humanidad. Tiene un espíritu solidario y filántropo. Y cual benefactor, dedica su vida a realizar una contribución significativa que deje un impacto y un legado en la sociedad. Y no para su propia vanagloria, sino por aportar su granito de arena.

Generosidad. Se siente tan feliz y está tan lleno de amor que no puede evitar compartir con otras personas todo lo bueno que hay en su corazón. Su enorme generosidad es la raíz de su abundancia. Cuanto más da genuinamente, más recibe. Y cuanto más recibe, más da, entrando en un círculo virtuoso sin límite.

Hospitalidad. Su excelente humanidad le llevan a ser capaz de amar a las personas cuando menos lo merecen porque es precisamente cuando más lo necesitan. Es un cuidador nato, cuya hospitalidad le permite acoger y atender a otros en sus momentos de mayor vulnerabilidad, tanto física como psicológica.

Independencia. Ya no necesita ni depende de los demás para sentirse bien consigo mismo, conquistando su independencia emocional. Y al gozar de esta autonomía, se relaciona desde su verdad más esencial, comprendiendo que nadie hace feliz a nadie, pues la verdadera felicidad está dentro uno mismo.

Respeto. Al quitarse la gorra de salvador, se relaciona con sus seres queridos desde el respeto, entendiendo que todo ser humano es capaz de sobrellevar y aprender de su destino. Si bien los demás saben que pueden contar con él para lo que necesiten, ya no se entromete ni interviene paternalistamente en sus vidas.

Servicio. Lo que más le gusta en la vida es ser verdaderamente útil para los demás. Y buscando genuinamente el bien de sus semejantes encuentra el suyo personal. Al culminar su proceso de transformación conecta con una vocación de servicio que lo trasciende, orientando su existencia al bien común de la sociedad.

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