Las casualidades no existen

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Por Borja Vilaseca

Los últimos descubrimientos científicos corroboran que la vida no es un accidente regido por el azar, la suerte ni las coincidencias. Por más que nos cueste de ver, cada uno de nosotros recoge lo que siembra. Ni más ni menos.

Formamos parte de una sociedad materialista, completamente desencantada del mundo en el que vivimos. Por eso en general solemos creer que nuestra vida es un accidente regido por la suerte y las coincidencias. Es decir, que no importan nuestras decisiones y nuestra acciones, pues en última instancia las cosas pasan por «casualidad». Esta visión de la existencia nos convierte en meras marionetas en manos del azar.

En paralelo, muchos individuos nos hemos vuelto «nihilistas». No es que no creamos en nada. Simplemente «negamos cualquier significado o finalidad trascendente de la existencia humana». De ahí que orientemos nuestra vida a saciar nuestro propio interés, tratando de escapar del dolor y el malestar que nos causa llevar una existencia vacía y sinsentido. Y lo hacemos por medio del placer y la satisfacción que proporcionan a corto plazo el consumo y el entretenimiento.

Pero, ¿realmente la vida es un accidente que se rige de forma aleatoria? ¿Estamos aquí para trabajar, consumir y divertirnos? ¿Acaso no hay una finalidad más trascendente? Lo irónico es que la existencia de estas creencias limitadoras pone de manifiesto que todo lo que existe tiene un propósito, por más que muchas veces no sepamos descifrarlo. No en vano, creer que no tenemos ningún tipo de control sobre nuestra vida refuerza nuestro victimismo. Y pensar que la existencia carece por completo de sentido justifica nuestra tendencia a huir constantemente de nosotros mismos por medio de la evasión y la narcotización.

Es decir, que incluso estas creencias tienen su propia razón de ser. No están ahí por casualidad, sino que cumplen la función de evitar que nos enfrentemos a nuestros dos mayores temores: el «miedo a la libertad» y el «miedo al vacío». Mientras sigamos creyendo que nuestra propia vida no depende de nosotros, podremos seguir eludiendo cualquier tipo de responsabilidad. Y mientras sigamos pensando que todo esto no es más que un accidente, podremos seguir marginando cualquier posibilidad de encontrar la respuesta a la pregunta ¿para qué vivimos?

DEL POR QUÉ AL PARA QUÉ
“El caos es el orden que todavía no comprendemos.”
(Gregory Norris-Cervetto)

Estamos tan cegados por nuestro egocentrismo, que solemos preguntarnos por qué nos pasan las cosas, en lugar de reflexionar acerca de para qué nos han ocurrido. Y eso que existe una diferencia abismal entre una y otra forma de afrontar nuestras circunstancias. Preguntarnos por qué es completamente inútil. Fomenta que veamos la situación como un problema. Y esta visión nos lleva a adoptar el papel de víctima. De ahí que nos haga sentir impotentes.

Por el contrario, preguntarnos para qué nos permite ver esa misma situación como una oportunidad. Y esta percepción nos lleva a entrenar el músculo de la responsabilidad. De hecho, esta actitud es mucho más eficiente y constructiva. Favorece que empecemos a intuir –e incluso a ver– el sentido oculto de las cosas. Es decir, la oportunidad de aprendizaje subyacente a cualquier experiencia, sea la que sea.

Y esto es precisamente de lo que trata la «física cuántica». En líneas generales, establece que «la realidad es un campo de potenciales posibilidades infinitas». Sin embargo, «sólo se materializan aquellas que son contempladas y aceptadas». Es decir, que ahora mismo, en este preciso instante, nuestras circunstancias actuales son el resultado de la manera en la que hemos venido pensando y actuando a lo largo de nuestra vida.

Si hemos venido creyendo que estamos aquí para tener un empleo monótono que nos permita pagar nuestros costes de vida, eso es precisamente lo que habremos co-creado con nuestros pensamientos, decisiones y comportamientos. Por el contrario, si cambiamos nuestra manera de pensar y de actuar, tenemos la opción de modificar el rumbo de nuestra existencia, cosechando otro tipo de resultados diferentes. El simple hecho de creer que es posible representa el primer paso para que, a través de un proceso, podamos hacer que muchos sueños se vuelvan realidad.

LA TEORÍA DEL CAOS
“El aleteo de una mariposa puede provocar un tsunami al otro lado del mundo.”
(Proverbio chino)

Lo mismo nos sugiere «la teoría del caos». Por medio de complicados e ingeniosos cálculos matemáticos «permite deducir el orden subyacente que ocultan fenómenos aparentemente aleatorios». Dentro de estas investigaciones, destaca «el efecto mariposa». Para comprenderlo, lo mejor es hacerlo a través de un ejemplo. Imaginemos que un chico se va un año fuera de su ciudad para estudiar un master en el extranjero. Y que al regresar a casa, entra a trabajar de becario en una empresa.

Sólo un par de días más tarde, aparece una nueva becaria –esta vez procedente de la universidad–, a quien sientan justamente a su lado. Nada más verse, los dos jóvenes se enamoran. Ha sido un flechazo en toda regla. Y lo cierto es que seis años más tarde se casan, forman una familia y viven juntos para siempre. En el caso de este ejemplo, «el efecto mariposa» estudiaría la red causal de acontecimientos que hicieron posible que el chico coincidiera con la chica en un lugar físico determinado en un momento psicológico oportuno.

Al observar su historia detenidamente, comprobamos que el joven decidió estudiar un master a raíz de la separación con su ex novia, a quien conoció años atrás en una discoteca. Remontándonos a esa noche de fiesta, cabe destacar que el chico decidió salir con sus amigos e ir concretamente a esa discoteca tras perder una apuesta. Es decir, que si no hubiera perdido aquella apuesta, no hubiera ido a aquella discoteca y, en consecuencia, no hubiera conocido a su ex novia. Y si ésta no lo hubiera dejado, no habría estudiado el master, que es lo que le permitió entrar a trabajar de becario. Y fue precisamente este empleo el que le posibilitó conocer y enamorarse de la mujer con la que pasaría el resto de su vida. Por todo ello, en la historia personal del chico, perder una simple apuesta le llevó a ganar un amor eterno.

LA LEY DE LA SINCRONICIDAD
“Lo que no hacemos consciente se manifiesta en nuestra vida como destino.”
(Carl Jung)

Por más que el establishment intelectual nos lo haga creer, nuestra existencia no está gobernada por la suerte, el azar ni las coincidencias, sino por «la ley de la sincronicidad». Ésta determina que «todo lo que ocurre tiene un propósito». Pero como todo lo verdaderamente importante, no podemos verlo con los ojos ni entenderlo con la mente. Esta profunda e invisible red de conexiones tan solo puede intuirse y comprenderse con el corazón.

«La ley de la sincronicidad» afirma que «por más que en un primer momento seamos incapaces de establecer una relación causal entre los sucesos que forman parte de nuestra vida, todo tiene una razón de ser». Es decir, que «aunque a veces nos ocurren cosas que aparentemente no tienen nada que ver con las decisiones y las acciones que hemos tomamos en nuestro día a día, estas cosas están ahí para que aprendamos algo acerca de nosotros mismos, de nuestra manera de comprender y de disfrutar la vida».

De ahí que mientras sigamos resistiéndonos a ver la vida como un aprendizaje, seguiremos sufriendo por no aceptar las circunstancias que hemos co-creado con nuestros pensamientos, decisiones y acciones. También nos perderemos la magia y el encanto inherente a al simple hecho de estar vivos, un reconocimiento que nos lleva inevitablemente a inclinarnos con humildad frente al misterio y la sabiduría de la existencia. Es entonces cuando comprendemos que no suele sucedernos lo que queremos, sino lo que necesitamos para aprender a ser felices y a dejar de sufrir.

No existen las coincidencias. Tan sólo la ilusión de que existen las coincidencias. De hecho, «la ley de la sincronicidad» también ha descubierto que «nuestro sistema de creencias y, por ende, nuestra manera de pensar, determinan en última instancia no sólo nuestra identidad, sino también nuestras circunstancias». Por ejemplo, que si somos personas inseguras y miedosas, atraeremos a nuestra vida situaciones inciertas que nos permitan entrenar los músculos de la confianza y la valentía. Así, los sucesos externos que forman parte de nuestra existencia suelen ser un reflejo de nuestros procesos emocionales internos. De ahí la importancia de conocernos a nosotros mismos para cuestionar, comprender y trascender nuestra ignorancia e inconsciencia.

LA LEY DEL KARMA
“Cada uno recoge lo que siembra.”
(Buda)

Si bien la «física cuántica», «la teoría del caos», el «efecto mariposa» y «la teoría de la sincronicidad» son descubrimientos científicos llevados a cabo en Occidente a lo largo del siglo XX, lo cierto es que no tienen nada de nuevo. En Oriente se llegó a esta misma conclusión hace más de 2.500 años. Es decir, alrededor del siglo V a. C. Según los historiadores, por aquel entonces se popularizó «la ley del karma», también conocida como «la ley de causa y efecto».

Si bien es cierto que algunas ramas esotéricas tienden a vulgarizar y banalizar este tipo de teorías, «la ley del karma» afirma, en esencia, que «todo lo que pensamos, decimos y hacemos tiene consecuencias». De ahí que en el caso de que cometamos errores, obtengamos resultados de malestar que nos permitan darnos cuenta de que hemos errado, pudiendo así aprender y evolucionar. Y en paralelo, en el caso de que cometamos aciertos, cosechemos efectos de bienestar que nos permitan verificar que estamos viviendo con comprensión, discernimiento y sabiduría.

Esta es la razón por la que los sucesos que componen nuestra existencia no están regidos por la «casualidad», sino por la «causalidad». Según «la ley del karma», cada uno de nosotros «recibe lo que da». Esta visión de la realidad elimina toda posibilidad de caer en las garras del inútil y peligroso victimismo. Lo queramos o no ver, somos co-responsables y co-creadores de lo que sucede en nuestra existencia.

Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado 6 de marzo de 2011.

17 comentarios
  1. maria jose
    maria jose Dice:

    Lo primero ENHORABUENA por tu trabajo, de hecho ME ENCANTAS por la forma en la que te muestras y ayudas a los demás, por lo menos a mi, pero hay algo relacionado con la ley de la correspondencia, la ley del karma (lo que siembras recoges), efecto mariposa…que no me cuadra.A uno le pasa lo que le tiene que pasar para evolucionar interiormente, y lo veo claro en vidas como por ejemplo la mía…¿qué pasa en vidas de personas donde sus hijos mueren de hambre, o donde violan a su hija, o o dónde un desaprensivo mata a tus hijos etc? En este caso, no veo la ley del Karma, ni entiendo que eso suceda para una evolución interior personal….y esta sería mi duda si pudiera planteártela. ¿cómo se explican estas leyes en esos casos?

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    • Carmen
      Carmen Dice:

      Maria José has dado en la clave de todas estas seudoteorias. Comparto esta reflexión que haces y que yo también me vengo haciendo desde hace tiempo. Estas seudoteorias que llegan caso siempre a la conclusión de que la felicidad te la buscas tu mismo, olvidan que ya el hecho de nacer en un sitio u otro , en una fsmilia u otra, con unas cualidades o capacidades u otras, te condiciona. Olvidan que los que hemos tenido mas suerte tenemos mas responsabilidad a la hora de contribuir a un mundo mas solidario. Olvidan las luchas sociales

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      • Felipe
        Felipe Dice:

        Cuanto mayor es el reto mas grande es la recompensa.
        Cuando sufrimos situaciones de extrema violencia, necesidad o cualquiera de las que mencionais, la existencia se transforma en un reto enorme, si esta persona logra atraves de la autoexperiencia y exploracion interna superar sus retos, simplemente se ilumina e ilumina su alrededor, se convierte en un ejemplo para otros.
        Desgraciadamente hay muchos casos en los que esa violencia genera una violencia posterior, un bucle de odio, desesperacion…pero si de 100 personas una logra el reto…..esta sera capaz de inspirar a miles o millones de personas.
        Para conocer el fuego hay que quemarse, algunas personas se queman tanto que nunca se recuperan de sus heridas, pero las que nunca lo tocaron o lo vieron, estas nunca sabran lo que es el fuego.
        Cuando tenia 14 anios vi morir a mi madre, en un accidente de trafico….siempre me considere una buena persona, pero despues del accidente empece a no ser tan buena persona, para que? despues de lo que me ocurrio, simplemente no creia en nada ni en nadie.
        Aqui es cuando entro la teoria del karma en mi vida, cuando conscientemente estaba haciendo cosas que sabia que no estaban bien pero las hacia, recibia lo que sembraba.
        Tarde 14 anios en comprender, gracias a esa autoexperiencia y esa exploracion interna, que lo que me habia suceido era un regalo. Y que ese evento me habia hecho aprender. Aprender que la muerte no es mas que una leccion sobre la vida. Que la energia se transforma, nunca muere. Que hay un orden dentro del caos, vivimos rodeados de simbolos que nos lo recuerdan, cada dia. Solo hay que mirar con otros.
        Por eso veo los traumas como una ocasion excepcional para un cambio de consciencia, una evolucion de la misma.
        Con esto no doy legitimidad a la violencia, pero mientras esa violencia viva en nuestra imaginacion, esta se vera reflejada en la sociedad.
        Mi mantra es haz de tu imaginacion algo hermoso. Parece simple, pero no lo es, requiere de trabajo. Y porque haz de tu imaginacion algo hermoso? pq es el poder que tiene el ser humano, transformar su imaginacion en realidad.
        Esta es mi experiencia, ahora tengo 38 anios y sigo aprendiendo.

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    • Mary
      Mary Dice:

      Buen día María José!
      En el año 2000 tuve mi primer hija, después de haberla esperado por más de 11 años, fue el mejor regalo y bendición que Dios me pudo dar. Ella nació con una cardiopatía congénita y después de luchar durante 4 meses, tuvo que partir.
      Durante mucho tiempo me pregunte: porqué a mi? porqué ella? y pasaban los años y mi enojo se hacia mas y mas grande! Porqué a mi? si desde que tengo uso de razón he tratado de ser buena persona , porqué no a esa gente que hace el mal al mundo??
      Un día comprendí que Dios, la vida, me dieron el mejor de los regalos: el nacimiento de mi hija enferma, luego su muerte fue la CAUSA y el reencuentro conmigo misma, la transformación de mi vida fue la CONSECUENCIA !!
      De esta manera lo veo y lo siento!
      Nos podrán quitar todo en este mundo, nos podrán dejar sin casa, sin alimentos, sin vestidura, encerrados en una cárcel, pero lo que NUNCA NOS PODRÁN QUITAR ES LA LIBERTAD DE DECIDIR COMO QUIERO SENTIRME ANTE TAL SITUACIÓN. (Viktor Frankl / El hombre en busca del sentido).
      Gracias y saludos!
      Mary

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    • Anonimo
      Anonimo Dice:

      Hola, no soy nadie para inmiscuirse en la vida de los demás, tampoco he tenido un caso como los que mencionan de perdidas inexplicables, sólo soy un simple leector, pero cuando alguien ve el dolor que una persona pasa por esa situación de perdida inexplicable, sólo se me viene a la mente que existen muchos problemas y tristezas “inexplicables” en el mundo que cuando se comparan con las que ustedes mencionan, hacen reflexionar a las personas si en realidad es un problema. Pienso, a lo mejor, que el propósito por el cuál esas cosas pasan a las personas SIRVEN de ejemplo e inspiración a millones de almas “desconsoladas” por nada, ya que en el mundo existen verdaderas penas como las que ustedes mencionan, que hacen ver cualquier otro problema como insignificante.
      He allí el propósito. Son fuente de inspiración y reflexión de miles de millones de almas confundidas, y no es que Dios no los quiera o que sean un Experimento de demostración, en el mundo existe gente mala y por desgracia todos estamos expuestos, pero si la gente como tú, como yo, como todos los que nos interesamos en el tema estamos aquí, es por algo. PARA ENCONTRAR EL BIEN, Si no, … por que es lo que estamos luchando.
      Recuerda una cosa, el propósito del sacrificio es el bien de los demás. Quieres un ejemplo? y no hablo de victimisarse.
      Reflexiona.

      Responder
  2. Pablo
    Pablo Dice:

    Estimado Borja, gracias por tus posts y por enseñarnos y ayudarnos a vivir mejor. Una pregunta: veo en tu blog, que sigo todas las semanas, que la última publicación data del 1 de abril. La verdad que se extrañan y mucho tus publicaciones en el blog. Un saludo desde Montevideo, Uruguay

    Responder
  3. Maria
    Maria Dice:

    Hola Borja, me ha encantado tu artículo. Sobre las preguntas que plantéas ¿Estamos aquí para trabajar, consumir y divertirnos? o ¿Acaso no hay una finalidad más trascendente? Estoy convencida de que tenemos una finalidad más elevada y recientemente yo he descubierto la mía, gracias a tí y personas como tú que despertáis conciencias. ¡¡Gracias de corazón!!

    Responder
  4. Mercedes
    Mercedes Dice:

    Gracias por resumir tan bien y sencillo estos conceptos. Nos toma tiempo canalizar este tipo de pensamiento, lo que nos recuerda que debemos elegir cada momento lo que pensamos…tal cual elegimos la ropa que nos vamos a poner cada dia! Obviamente que esto tiene que ir ligado a una sabiduria de quien soy, de donde vengo y a donde voy…la comprensión se tiene que interrelacionar. Somos un todo, no hay cabos sueltos…

    Responder
  5. Armando
    Armando Dice:

    Tengo varios comentarios que he intercalado en el artículo, pero sería muy largo para ponerlo aquí. Agradecería una dirección de correo electrónico para enviarlo

    Responder
  6. César Álvaro
    César Álvaro Dice:

    Borja, En primer lugar me gustaría felicitarte por la profesionalidad, la calidad y el contenido del blog, que han logrado llamar mi atención y visitarlo en repetidas ocasiones

    Respecto al post, me ha encantado, estoy completamente de acuerdo con lo que expones, es más, me has hecho aprender cosas nuevas y recordar otras que tenía olvidadas.

    Y efectivamente, las casualidades no existen.

    Gracias de corazón.

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  1. […] existencia.Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado 6 de marzo de 2011.borjavilaseca.com───────»♣ ☆ ♡ ☆ ♣«───────“No pienses en hacer a los […]

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