El elefante encadenado (cuento filosófico)

Por Borja Vilaseca

Este cuento filosófico es una invitación para que nos atrevamos a cuestionar y confrontar aquellos miedos inconscientes que llevan años limitándonos, de manera que podamos convertirnos en adultos libres.

Había una vez un niño muy curioso, sensible e inquieto que fue al circo y se quedó maravillado al ver la actuación de un gigantesco elefante. En el transcurso de la función, el majestuoso animal hizo gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales… Durante el intermedio del espectáculo, el chaval se quedó todavía más sorprendido al ver que la enorme bestia permanecía atada a una pequeña estaca clavada en el suelo con una minúscula cadena que aprisionaba una de sus patas.

“¿Cómo puede ser que semejante elefante, capaz de arrancar un árbol de cuajo, sea preso de un insignificante pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros del suelo?”, se preguntó el niño para sus adentros. “Pudiendo liberarse con facilidad de esa cadena, ¿por qué no huye de ahí?”, siguió pensando el chaval en su fuero interno.

Finalmente, compartió sus pensamientos con su padre, a quién le preguntó: “¿Papá, por qué el elefante no se escapa?” Y el padre, sin darle demasiada importancia, le respondió: “Pues porque está amaestrado.” Aquella respuesta no fue suficiente para el niño. “Y entonces, por qué lo encadenan?”, insistió. El padre se encogió de hombros y, sin saber qué contestarle, le dijo: “Ni idea”. Seguidamente, le pidió a su hijo que le esperara sentado, que iba un momento al baño.

Nada más irse el padre, un anciano muy sabio que estaba junto a ellos, y que había escuchado toda su conversación, respondió al chaval su pregunta: “El elefante del circo no se escapa porque ha estado atado a esa misma estaca desde que era muy, muy, muy pequeño.” Seguidamente, el niño cerró los ojos y se imaginó al indefenso elefantito recién nacido sujeto a la estaca.

Mientras, el abuelo continuó con su explicación: “Estoy seguro de que el pequeño elefante intentó con todas sus fuerzas liberar su pierna de aquella cadena. Sin embargo, a pesar de todos sus esfuerzos, no lo consiguió porque aquella estaca era demasiado dura y resistente para él.” Las palabras del anciano provocaron que el niño se imaginara al elefante durmiéndose cada noche de agotamiento y extenuación.

“Después de que el elefante intentará un día tras otro liberarse de aquella cadena sin conseguirlo”, continuó el anciano”, llegó un momento terrible en su historia: el día que se resignó a su destino.” Finalmente, el sabio miró al niño a los ojos y concluyó: “Ese enorme y poderoso elefante que tienes delante de ti no escapa porque cree que no puede. Todavía tiene grabado en su memoria la impotencia que sintió después de nacer. Y lo peor de todo es que no ha vuelto a cuestionar ese recuerdo. Jamás ha vuelto a poner a prueba su fuerza. Está tan resignado y se siente tan impotente que ya ni se lo plantea.”

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 Cuento extraído del libro “Déjame que te cuente” de Jorge Bucay.

By |2019-12-02T08:58:12+00:0012 noviembre, 2019|Autoconocimiento y crecimiento personal|8 Comentarios

8 Comentarios

  1. Andrea 12 noviembre, 2019 at 7:21 pm - Reply

    Fantastico

  2. Sonia 3 diciembre, 2019 at 11:19 am - Reply

    Científicamente la abeja no es suficientemente aerodinámica para volar, pero ella no lo sabe, por eso vuela

  3. concha 3 diciembre, 2019 at 1:26 pm - Reply

    Gran cuento que explica las creencias limitantes que nos inculcan de niños. Aunque a veces en la madurez nos creemos nuestras mentiras limitantes también.

  4. Adriana Lara 3 diciembre, 2019 at 9:29 pm - Reply

    Increíble. 🌈

  5. marcela 3 diciembre, 2019 at 9:44 pm - Reply

    Hasta cuando un día, te das cuenta qué no eres libre porque estas atado a tus propias, limitaciones, hay que preguntarse que voz escucho? La de la sociedad? La cultura? La de mis padres? Y tal vez empezar a construir tu propia voz!

  6. Ernesto 5 diciembre, 2019 at 10:25 am - Reply

    Este cuento es de Jorge Bucay

  7. Rodrigo Delgado 5 diciembre, 2019 at 2:24 pm - Reply

    Es tan liberador cuando uno logra moverse y romper esas cadenas

  8. Yanet peña mendez 6 diciembre, 2019 at 12:56 am - Reply

    Solo hace falta darse cuenta..

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