Cuatro formas de vivir el trabajo

Por Borja Vilaseca

Independientemente del tipo de trabajo, de rol o de función profesional que desempeñemos, existen cuatro actitudes distintas de afrontar la manera con la que nos relacionamos con nuestro día a día laboral.

Es cierto que no podemos cambiar a nuestro jefe ni a nuestros compañeros de trabajo. Tampoco podemos hacer mucho para que varíen nuestras condiciones laborales. Sin embargo, nuestro grado de satisfacción e insatisfacción no tiene tanto que ver con nuestras circunstancias, sino con la actitud que tomamos frente a ellas.

El primer nivel de actitud engloba a quienes «odian lo que hacen». Es decir, a todos aquellos que no sólo detestan su curro, sino también la cantidad de dinero que perciben por sus servicios. No intentan disimular su descontento para con la empresa en la que trabajan. Debido a su malestar, tampoco podrían. Su lenguaje corporal es de lo más elocuente y la expresión de su rostro, completamente transparente. Están enfadados con el mundo y convencidos de que son víctimas del sistema.

El segundo nivel de actitud representa a quienes «cumplen con lo que hacen». Sin duda alguna, es el perfil mayoritario en nuestra sociedad. En este caso, las emociones predominantes son la impotencia, la resignación o la indiferencia. En general no saben qué les gustaría hacer con su vida laboral. O simplemente no se atreven a dar pasos en la dirección de sus sueños por miedo a salir de la zona de comodidad en la que llevan años instalados. Durante ocho horas al día, se dedican a cumplir con sus obligaciones laborales. Ni más ni menos. Sin embargo, la rutina termina alienándoles, marchitando su ilusión y consumiendo su energía vital.

Si pudieran permitírselo, no trabajarían. Conciben el trabajo como un trámite necesario para ganar dinero con el que pagar sus facturas. Suelen mirar el reloj mientras están en la oficina y su mayor deseo es que llegue el viernes para poder desconectar. Mientras, algunas de ellas suelen rellenar quinielas o jugar a la lotería, esperando que un boleto ganador les libere del estado de esclavitud económica en el que se encuentran. Pero dado que ese cupón nunca llega, su grado de enajenación aumenta de forma exponencial conforme van pasando los años.

Al llegar las vacaciones, quieren hacer tantas cosas que las terminan viviendo con estrés y ansiedad. Y una vez de vuelta a la rutina laboral, casi todos sufren el denominado «síndrome posvacacional». Así, durante los primeros días de septiembre, padecen insomnio, pérdida de apetito y falta de concentración. Si bien estos síntomas surgen como consecuencia de un desajuste temporal de los hábitos, también acostumbran a sentir desasosiego y vacío existencial, lo que pone de manifiesto la insatisfacción que vienen acumulando durante todo el año.

EL PODER DE LA ACTITUD
“Al ser humano se le puede arrebatar todo salvo la actitud con la que enfrenta sus circunstancias.”
(Viktor Frankl)

Cuenta una historia que tres albañiles estaban desempeñando la misma tarea a las afueras de un pueblo. De pronto apareció un niño, que se acercó a ellos con curiosidad. Estaba intrigado por el tipo de obra que estaban construyendo. Al observar al primer obrero, se dio cuenta de que no paraba de negar con la cabeza. Parecía molesto y enfadado. Sin embargo, el chaval se armó de valor y le preguntó: “¿Qué está usted haciendo?” El albañil, incrédulo, lo miró despectivamente y le respondió: “¿Qué pregunta más tonta es esa? ¿Acaso no lo ves? ¡Estoy apilando ladrillos!”

Aquella respuesta no fue suficiente para el niño. Por eso se dirigió al segundo operario, cuya mirada irradiaba resignación e indiferencia. “Perdone que le interrumpa, señor”, dijo el chaval con cautela. “Si es tan amable, ¿me podría decir que está usted haciendo?” Cabizbajo, el albañil se limitó a contestarle: “Nada importante. Tan solo estoy levantando una pared.”

Finalmente, el niño se acercó hasta el tercer obrero, quien silbaba mientras disfrutaba de su tarea. Tanto es así, que el chaval se acercó con más tranquilidad y confianza. Y nada más verlo, el albañil le saludó: “¡Buenos días, jovencito! ¿Qué te trae por esta obra?” Sorprendido por su buen humor, el chaval le contestó: “Tengo mucha curiosidad por saber qué está usted haciendo.” Aquel comentario provocó que el operario irradiara una enorme sonrisa. Y, con cierto tono de satisfacción, le respondió: “¡Estoy construyendo el hospital infantil del pueblo!”

LOS QUE AMAN LO QUE HACEN
“Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni solo día de tu vida.”
(Confucio)

A pesar de que solemos asociar el trabajo con el cumplimiento de un deber o una obligación, podemos convertir nuestra dimensión profesional en una forma de expresar lo mejor de nosotros mismos. Esta es precisamente la principal característica del tercer nivel de actitud, que agrupa a quienes «aman lo que hacen». Es decir, a aquellos que a pesar de no dedicarse –ni mucho menos– a su profesión soñada, tratan de ponerle buena cara al mal tiempo. De hecho, se caracterizan por la energía positiva que desprenden mientras trabajan. Y no precisamente porque ejerzan tareas divertidas.

Las personas que aman lo que hacen cuentan con una desarrollada inteligencia emocional. Saben cómo convertir los problemas laborales en oportunidades de aprendizaje. En vez de quejarse o protestar por lo que les falta o por lo que no tienen, suelen valorar y agradecer aquellas cosas provechosas que les aporta actualmente su trabajo.

Como consecuencia de este cambio de actitud, irradian un buen humor contagioso, creando a su alrededor un clima agradable. De manera natural, fomentan relaciones basadas en la confianza y la complicidad. Están a gusto consigo mismas y con su vida profesional. Y así es como suelen sentirse aquellos con los que interactúan, sean jefes, compañeros, clientes o proveedores.

LOS QUE HACEN LO QUE AMAN
“¿A qué estás esperando? Encuentra tu propia voz. Cuanto más tardes en empezar a buscarla, más difícil te será encontrarla.”
(Walt Whitman)

En esta misma línea viven su profesión las personas que se agrupan en el cuarto nivel de actitud: los que «hacen lo que aman». En este colectivo se encuentran quienes se han alineado con una misión y un propósito que va más allá de ellos mismos. Es decir, aquellos que desarrollan una profesión útil, creativa y con sentido, que verdaderamente contribuye a mejorar la vida de los demás. Se nota que respetan la profesión que han escogido y hablan de ella con pasión y entusiasmo.

Las personas que hacen lo que aman no han escogido su camino ni su trayectoria profesional. Sus decisiones no vienen movidas por la lógica ni la razón. Por el contrario, son fruto de escuchar a su voz interior. Así, la palabra «vocación» procede del verbo latino «vocare», que significa «una llamada que viene desde nuestro interior para poner nuestra voz en acción». Al seguir nuestra vocación, lo que hacemos en la vida se convierte en un fiel reflejo de quienes hemos descubierto que somos. Y el 100% de las veces nos conecta con valores como el altruismo y la generosidad.

Causalmente, hacer lo que amamos está vinculado con el descubrimiento y el desarrollo de nuestros talentos innatos. De hecho, es una inmejorable oportunidad para desplegar el potencial que reside en nuestro interior. Tanto es así, que estas personas no conciben su función profesional como un trabajo. Para ellas, no tiene sentido hablar de horarios. De hecho, ninguna de ellas siente que trabaja. Y sin importar el dinero que ganen, se sienten inmensamente ricas.

Aunque no lo han buscando, suelen disfrutar de una cierta abundancia económica, la cual nunca es un objetivo en sí mismo, sino que siempre viene como resultado de su contribución a la sociedad. Curiosamente, todas ellas ¾sin excepción¾ se sienten inmensamente afortunadas y agradecidas por el aprendizaje derivado de todas las vivencias que han experimentado a lo largo de la vida, especialmente las más adversas y dolorosas. Principalmente porque han sido las que han necesitado para descubrir su lugar en el mundo.

Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado domingo 19 de abril de 2015.

By |2018-10-02T17:09:25+00:0019 abril, 2015|Reinvención y desarrollo profesional|3 Comments

3 Comments

  1. Teresa 18 abril, 2018 at 10:33 pm

    Como siempre tu mensaje llega en el momento apropiado!!! Gracias por haber encontrado tu lugar en el mundo y por ayudar a los demás a encontrarlo o a reconocer que estan en el camino apropiado!!!
    Un abrazo desde Turín.

  2. Bárbara Itzkoff 19 abril, 2018 at 12:35 pm

    Tu mensaje llega en un momento neutro pero justo en el momento preciso.
    Gracias Borja por transmitirnos tus experiencias, tus aprendizajes y tu sabiduria. Cada una de las historias, cuentos y ejemplos que das quedan grabadas y son tan claras y elocuentes que es un placer recurrir a ellas cada vez que es necesario.
    Gracias por transmitir con tanta pasión…te aseguro que contagia!!!!
    Un placer seguirte, leerte y escucharte!!!!!
    Graaaaaaacias y mas gracias!!!
    Bárbara Itzkoff (dese Buenos Aires, Argentina)

  3. Pilar 20 abril, 2018 at 7:58 am

    Muchas gracias Borja por tu claridad en todos tus mensajes. Ayudan mucho en el camino diario.
    Saludos

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