Anatomía de la autoestima

Por Borja Vilaseca

Desde un punto de vista emocional, todo lo que una persona no se da a sí misma lo busca en su relación con los demás: afecto, confianza, reconocimiento… La independencia pasa por aprender a autoabastecerse.

Es hora de reconocerlo: por lo general somos una sociedad de “eruditos racionales” y “analfabetos emocionales”. No nos han enseñado a expresar con palabras el torbellino de emociones, sentimientos y estados de ánimo que deambulan por nuestro interior. Y esta ignorancia nos lleva a marginar lo que nos ocurre adentro, sufriendo en silencio sus amargas consecuencias.

Debido a nuestra falta de conocimiento y entrenamiento en inteligencia emocional, solemos reaccionar o reprimirnos instintivamente cada vez que nos enfrentamos a la adversidad. Apenas nos damos espacio para comprender lo que ha sucedido y de qué manera podemos canalizar lo que sentimos de forma constructiva. De ahí que nos convirtamos en víctimas y verdugos de nuestro dolor, el cual intensificamos al volver a pensar en lo sucedido. En eso consiste vivir inconscientemente: en no darnos cuenta de que somos co-creadores de nuestro sufrimiento.

Por el camino, las heridas provocadas por esta guerra interna nos dejan un poso de miedos, angustias y carencias. Y la experiencia del malestar facilita que nos creamos una de las grandes mentiras que preconiza este sistema: que nuestro bienestar y nuestra felicidad dependen de algo externo, como el dinero, el poder, la belleza, la fama, el éxito, el sexo y otras drogas por el estilo.

ROTOS POR DENTRO
“Sólo si me siento valioso por ser como soy puedo aceptarme, puedo ser auténtico, puedo ser verdadero.”
(Jorge Bucay)

Bajo el embrujo de esta falsa creencia y de forma inconsciente, vivimos como si trabajar en pos de lo de afuera fuese más importante que cuidar y atender lo de adentro. Priorizamos el “cómo nos ven” al “cómo nos sentimos”. Y no sólo eso. Este condicionamiento también nos mueve a utilizar mucho de lo que decimos y hacemos para que los demás nos conozcan, nos comprendan, nos acepten y nos quieran. Así es como esperamos recuperar nuestra estabilidad emocional.

Pero la realidad demuestra que siguiendo esta estrategia no solemos conseguirla, y que en el empeño terminamos por olvidarnos de nosotros mismos. Por eso sufrimos. Al ir por la vida rotos por dentro, nos volvemos más vulnerables frente a nuestras circunstancias y mucho más influenciables por nuestro entorno familiar, social y profesional. Lo que piensen los demás empieza a ser más importante que lo que pensamos nosotros mismos.

No en vano, al desconocer quiénes somos dejamos que la gente que nos rodea moldee nuestra identidad con sus juicios y opiniones. Es el precio que pagamos para sentirnos aceptados y consolados por la sociedad. Al seguir desnudos por dentro, poco a poco nos vestimos con las creencias y los valores de la mayoría, y empezamos a pensar y a actuar según las reglas, normas y convenciones que nos han sido impuestas. A través de este “pensamiento único” es como se consolida el “status quo” establecido por el sistema.

LA CARENCIA COMÚN ES INVISIBLE
“Uno es lo que ama, no lo que le aman.”
(Charlie Kaufman)

Mientras, durante nuestros quehaceres cotidianos, a veces nos mostramos arrogantes y prepotentes al interactuar con otras personas, creyendo que esta actitud es un síntoma de seguridad en nosotros mismos. En cambio, cuando nos infravaloramos o nos despreciamos, pensamos justamente lo contrario. Sin embargo, estas dos conductas opuestas representan las dos caras de una misma moneda: falta de autoestima. Es nuestra carencia común. Y a pesar de ser devastadora es prácticamente invisible.

¿Qué es entonces la autoestima? Etimológicamente, se trata de una sustantivo formado por el prefijo griego “autos” –que significa “por sí mismo”– y la palabra latina “aestima” –del verbo “aestimare”, que quiere decir “evaluar, valorar, tasar”… Podría definirse como “la manera en la que nos valoramos a nosotros mismos”. Y no se trata de sobre o subestimarnos. La verdadera autoestima nace al vernos y aceptarnos tal como somos.

La falta de autoestima tiene graves consecuencias, tanto en nuestra forma de interpretar y comprender el mundo como en nuestra manera de ser y de relacionarnos con los demás. Al mirar tanto hacia fuera, nos sentimos impotentes, ansiosos e inseguros y nos dejamos vencer por el miedo y corromper por la insatisfacción. También discutimos y peleamos más a menudo, lo que nos condena a la esclavitud de la soledad o la ira. Y dado que seguimos fingiendo lo que no somos y reprimiendo lo que sentimos, corremos el riesgo de ser devorados por la tristeza y consumidos por la depresión.

COMPENSACIÓN EMOCIONAL
“Si no lo encuentras dentro de ti, ¿dónde lo encontrarás?”
(Alan Watts)

De tanto mirar hacia fuera, nuestras diferentes motivaciones se van centrando en un mismo objetivo: conseguir que la realidad se adapte a nuestros deseos y expectativas egocéntricos. Así es como pretendemos conquistar algún día la felicidad. Sin embargo, dado que no solemos saciar estas falsas necesidades, enseguida interpretamos el papel de víctima, convirtiendo nuestra existencia en una frustración constante.

Expertos en el campo de la psicología de la personalidad afirman que este egocentrismo –que se origina en nuestra más tierna infancia– condiciona nuestro pensamiento, nuestra actitud y nuestra conducta, formando lentamente nuestra personalidad. Así, la falta de autoestima obliga a muchas personas a compensarse emocionalmente, mostrándose orgullosas y soberbias.

Al negar sus propias necesidades y perseguir las de los demás, son las últimas en pedir ayuda y las primeras en ofrecerla. Aunque no suelan escucharse a sí mismas, se ven legitimadas para atosigar y dar consejos sin que se los pidan. De ahí que suelan crear rechazo y se vean acorraladas por su mayor enemigo: la soledad.

¡OJO CON EL DIÁLOGO INTERNO!
“Ni tu peor enemigo puede hacerte tanto daño como tus propios pensamientos.”
(Buda)

En otros casos, esta carencia fuerza a algunas personas a proyectar una imagen de triunfo en todo momento, incluso cuando se sienten derrotadas. Cegadas por el afán de deslumbrar para ser reconocidas y admiradas, se vuelven adictas al trabajo, relegando su vida emocional a un segundo plano. La vanidad las condena a esconderse bajo una máscara de lujo y a refugiarse en una jaula de oro. Pero tras estas falsas apariencias padecen un profundo sentimiento de vacío y fracaso.

La ausencia de autoestima también provoca que algunas personas no se acepten a sí mismas, y se construyan una identidad diferente y especial para reafirmar su propia individualidad. No soportan ser consideradas vulgares y huyen de la normalidad. Y suelen crear un mundo de drama y fantasía que termina por envolverles en un aura de incomprensión, desequilibrio y melancolía. Y al compararse con otras personas, suelen sentir envidia por creer que los demás poseen algo esencial que a ellas les falta.

El denominador común de esta carencia es que nos hace caer en el error de buscar en los demás el cariño, el reconocimiento y la aceptación que no nos damos a nosotros mismos. La paradoja es que se trata precisamente de hacer lo contrario. Sólo nosotros podemos nutrirnos con eso que verdaderamente necesitamos.

LO QUE PIENSAN LOS DEMÁS
“Cada vez que se encuentre usted en el lado de la mayoría, es tiempo de hacer una pausa y reflexionar.”
(Mark Twain)

Cuenta una parábola que un hombre y su mujer salieron de viaje con su hijo de doce años, que iba montado sobre un burro. Al pasar por el primer pueblo, la gente comentó: “Mirad ese chico tan maleducado: monta sobre el burro mientras los pobres padres van caminando.” Entonces, la mujer le dijo a su esposo: “No permitamos que la gente hable mal del niño. Es mejor que subas tú al burro.”

Al llegar al segundo pueblo, la gente murmuró: “Qué sinvergüenza es ese tipo: deja que la criatura y la pobre mujer tiren del burro, mientras él va muy cómodo encima.” Entonces tomaron la decisión de subirla a ella en el burro mientras padre e hijo tiraban de las riendas. Al pasar por el tercer pueblo, la gente exclamó: “¡Pobre hombre! ¡Después de trabajar todo el día, debe llevar a la mujer sobre el burro! ¡Y pobre hijo! ¡Qué será lo que les espera con esa madre!”

Entonces se pusieron de acuerdo y decidieron subir al burro los tres, y continuar su viaje. Al llegar a otro pueblo, la gente dijo: “¡Mirad que familia, son más bestias que el burro que los lleva! ¡Van a partirle la columna al pobre animal!” Al escuchar esto, decidieron bajarse los tres y caminar junto al burro. Pero al pasar por el pueblo siguiente la gente les volvió a increpar: “¡Mirad a esos tres idiotas: caminan cuando tienen un burro que podría llevarlos!”

EL ÉXITO MÁS ALLÁ DEL ÉXITO
“Este gozo que siento no me lo ha dado el mundo y, por tanto, el mundo no puede arrebatármelo.”
(Shriley Caesar)

Los demás no nos dan ni nos quitan nada. Y nunca lo han hecho. Tan sólo son espejos que nos muestran lo que tenemos y lo que nos falta. Ya lo dijo el filósofo Aldous Huxley: “La experiencia no es lo que nos pasa, sino la interpretación que hacemos de lo que nos pasa”. Lo único que necesitamos para gozar de una vida emocional sana y equilibrada es cultivar una visión más objetiva de nosotros mismos. Sólo así podremos comprendernos, aceptarnos y valorarnos tal como somos. Y lo mismo con los demás.

El secreto es dedicarnos más tiempo y energía a liderar nuestro diálogo interno. Hemos de vigilar lo que nos decimos y cómo nos tratamos, así como lo qué les decimos a los demás y cómo los tratamos. Forjamos nuestra autoestima con cada palabra, pensamiento, interpretación, actitud, comportamiento… La manera en la que vivimos cada experiencia de nuestra vida nos nutre y nos compone: nos convierte en lo que somos.

La verdadera autoestima es sinónimo de humildad y libertad. Es el colchón emocional sobre el que construimos nuestro bienestar interno. Y actúa como un escudo protector que nos permite preservar nuestra paz y nuestro equilibrio independientemente de cuáles sean nuestras circunstancias. Los filósofos contemporáneos lo llaman “conseguir el éxito más allá del éxito”. Dicen que cuando una persona es verdaderamente feliz no desea nada. Tan sólo sirve, escucha, ofrece y ama.

Podemos seguir sufriendo por lo que no nos dan la vida y los demás o podemos empezar a atendernos y abastecernos a nosotros mismos. Es una decisión personal. Y lo queramos o no ver, la tomamos cada día.

Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado domingo 15 de marzo de 2009.

12 comentarios
  1. jeza
    jeza Dice:

    Me ha encantado. Un texto muy útil para de una vez ser lo que verdaderamente somos y no lo que los demás esperan de nosotros. Ellos no van a vivir nuestra vida.

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  2. Marta
    Marta Dice:

    Excelente artículo !!!! Y en lo personal llevo una vida tratando de trabajar mi auto estima, he estado en los dos extremos, en la prepotencia y en la soledad, pero ahí voy……. Mi gran pregunta, como puedo ayudar a mis hijos (27 y 17 años) a que desarrollen un autoestima o aceptación de si mismos? Solo observándolos?

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    • Patricia Sorin
      Patricia Sorin Dice:

      Yo diría que lo “conseguirás” dando ejemplo: teniendo autoestima y aceptándote. Ellos deben hacer su camino, que no necesariamente es igual que el tuyo.

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    • José luis
      José luis Dice:

      Lo que hagas ante ellos será el mejor ejemplo.
      Ellos también te enseñan, aunque sea con su silencio.
      La soledad bien entendida no es mala, ayuda a la
      introspección como filtro natural y racional.

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  3. william tabares
    william tabares Dice:

    tan solo puedo decir que para mi es una gran ilusión y placer poder aprender de cada escrito y articulo de este profesional, que nos ha ayudado a muchos a ir encontrando nuestro camino de vida, con su aporte y su experiencia, y sus palabras son el fiel reflejo de lo que esta humanidad ha de saber y cultivar para un mejor vivir..

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  4. Pepa
    Pepa Dice:

    Dedicas casi todo el artículo a definir la baja autoestima, algo que quien la tiene sabe que la tiene. Para el siguiente sería interesante contarnos los pasos para lograr una autoestima saludable.

    Responder
    • Alejandro
      Alejandro Dice:

      jajajaja,

      Pepa

      Escribí mi comentario y luego leí el tuyo, que justo coincide, ya nos han hecho saber todos los especialista dónde se gesta este problema, ahora, ¿cómo lo trabajamos?

      Un saludo.
      Alejandro

      Responder
  5. Alejandro
    Alejandro Dice:

    Estimado Borja

    He leído tu artículo que al igual que muchos otros de una u otra forma le dedican cerca del 80% o más a exponer las causas o consecuencias de contar con una autoestima baja, pero de verdad hay muy poca literatura que invierta ese porcentaje a decir cuáles pueden ser las pautas para mejorar la autoestima, creo que la mayoría estamos claros de que todo se gestó desde esa obnubilada niñez, pero nos ayudaría más saber, por ejemplo ¿qué haces tú diariamente para mejorar tu auto estima?,háblanos sobre ejercicios que vas trabajando día a día en ti para mejorar, pues así como lo aprendimos con la práctica de muchos años, también requeriremos de tiempo para re aprender, pues lo últimos párrafos lo tocan de forma muy general y lejana.

    Gracias de antemano

    Saludos
    Alejandro

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  6. Carme
    Carme Dice:

    Hola muchas gracias por el artículo, creo que en la forma es un artículo muy atractivo pero en el fondo es una sentencia. Solo nos podemos amar a nosotros mismos si hemos sido amados, sostenidos, valorados y validados por nuestros padres o cuidadores, o al menos ha habido una persona en nuestra vida que nos ha hecho sentir amados, una abuela, una vecina. Des de las neurociencias sabemos que esto es así, podeis condultar Peter Erskina, Van der Kolk, Mario Salvador, Babette Rothschild, Allan Shore, Antonio Damasio, DW. Winicott i un largo etc. Lo demás son cuentos vacios que lo unico que consiguen es generar más dolor al no ser capaz la persona de quererse y respetarse, al sentir que ella es la culpable y que es un defecto suyo, falta de voluntad, mal carácter, vamos porque le da la gana, con lo fácil que es quererse¡¡¡ pues no el quererse no es algo que venga dado, necesitamos habernos sentido amados para amarnos y amar. El no quererse es causado por una estructura concreta en el cerebro, la estructura que se genero cuando necesitabamos ser amados, sostenidos, comprendidos y no lo fuimos y tuvimos que organizar nuestro cerebro de una manera concreta para hacer frente a una situación que no era la que tocaba, para hacer frente a un entorno fallido y poco sano. No somos nosotros los enfermos, lo enfermo fue el entorno en el que crecimos, nosotros hicimos lo posible para sobrevivir. Los que no nos queremos o no nos hemos querido somos supervivientes no culpables… a partir de aquí podemos enternder el por què no nos podemos respetar y cuidar, y quizá des de esta comprensión y compasión podamos empezar de cero, sin culpables ni sentencias, nuestros padres o nuestros cuidadores lo hicieron lo mejor que pudieron dada las situación en la que vivieron.

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    • Lluvia
      Lluvia Dice:

      Totalmente de acuerdo contigo Carme. Una ya se cansa de oír o leer ciertas cosas que dan la sensación de que los que sufrimos es porque nos gusta y no intentamos lo suficiente para ser felices, para amarnos, etc, etc

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  7. Dolores
    Dolores Dice:

    Excelente artículo desde niña luche para ser reconocida, valorada y amada….Hoy, con 50 años descubrí todo eso en mí misma…y ya no busco nada..solo entrego mi experiencia

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  8. Montse also
    Montse also Dice:

    Muy interesante y reflexivo. Creo que aunque dificil de poner en practica, aun comprendiendolo, sera un ejercicio de esfuerzo diario que siempre valdra la pena… ir comprobando que tu felicidad eres tu misma y tus circunstancias si lo aceptas. Si no aceptas dificilmente te sentiras feliz… realmente lo he comprobado en mas de una ocasion y me siento bien cuando soy capaz de ser feliz por lo que yo soy, por lo que he conseguido, como lo he hecho y por haber formado mi familia con esfuerzo, dedicacion incondicional y con mucho amor. Intento siempre ser feliz e intentar que los otros tambien lo esten. Nada es facil, pero tampoco nada es imposible y las respuestas estan dentro de nosotros.

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