Cómo sobrevivir a la Navidad

Por Borja Vilaseca

Obligaciones familiares. Excesos materiales. Conflictos emocionales… Si Jesús de Nazaret levantara la cabeza, posiblemente se rebelaría contra la manera en la que la sociedad recuerda y celebra su nacimiento.

Ya están aquí. Como cada año por estas fechas, vuelven las fiestas de Navidad. Las calles se visten de gala, cubriéndose con adornos despampanantes. La televisión nos bombardea con anuncios de juguetes para niños, perfumes para mujeres y relojes para hombres. Mientras, los comerciantes se frotan las manos, viendo cómo se disparan las ventas y el consumo.

A pesar de la crisis económica, en los últimos años las familias españolas vienen destinando una media de 820 euros a sus compras navideñas, 500 de los cuales se gastan en regalos, según los estudios realizados por Deloitte. Y este importe crece año tras año. De ahí que se diga, cada vez con más fuerza, que esta crisis es una crisis de valores y de consciencia. Cegados por el materialismo, estamos perdiendo de vista lo más importante: cultivar en nuestro corazón la felicidad, la paz y el amor. Porque, ¿de qué sirve comprar cosas si no amamos con mayúsculas a quienes se las regalamos?

La ironía es que en medio de este exceso consumista, también se nos recuerda –con cierto tono moral– que lo más importante es que seamos “buenas personas”. De ahí que los ricos dediquemos estos días para hacer “buenas obras”, atendiendo a los pobres. Es decir, a los que tienen menos. Parece como si en esta época del año tuviéramos que ser buenos samaritanos simplemente porque toca. Lo cierto es que pocos cuestionamos nuestras verdaderas motivaciones, preguntándonos honestamente por qué –precisamente ahora– hacemos lo que el resto del año no solemos hacer.

¿EN MEMORIA DE JESÚS?
“Aunque tienen ojos, no ven. Y aunque tienen oídos, no escuchan ni comprenden.”
(Jesús de Nazaret)

La Navidad es una de las fiestas más importantes del cristianismo. Celebra el nacimiento de Jesús de Nazaret, un filósofo revolucionario cuyas enseñanzas atentaban contra las creencias religiosas y los intereses políticos del statu quo de su época. Probablemente, si hoy volviera a nacer seguiría yendo en contra del actual orden establecido. Más que nada porque sus palabras nos inspiran a cambiar de mentalidad, aprendiendo a ser felices para amar a los demás y a la vida como a nosotros mismos.

Contrariamente a lo que se suele creer, este sabio no fundó el cristianismo. Tras ser crucificado por los sacerdotes de su época, sus enseñanzas fueron extendiéndose rápidamente. De hecho, fueron los emperadores y los clérigos quienes crearon e institucionalizaron la religión cristiana por toda la cuenca del Mediterráneo.

Así, en el año 313, a través del edicto de Milán, el emperador Constantino el Grande legalizó el cristianismo. Y doscientos años después, el emperador Justiniano I la declaró “religión oficial” del Imperio romano. Aunque ningún historiador sabe el día exacto en que nació Jesús, la Navidad se celebra el 25 de diciembre. Etimológicamente, esta palabra procede del latín “nativitas”, que significa “nacimiento”.

LA RIQUEZA DEL CORAZÓN
“Encuentra el reino de Dios dentro de ti y todo lo demás se te dará por añadidura.”
(Jesús de Nazaret)

Al haber edificado nuestra existencia sobre un sistema capitalista que promueve la filosofía del materialismo, actualmente la Navidad se ha alejado de su sentido original: recordar la filosofía esencial predicada por Jesús. Es decir, aprovechar esta época del año para recogernos y hacer balance –desde una perspectiva emocional– del rumbo que está tomando nuestra vida. No en vano, el mensaje de este sabio es que la verdadera riqueza reside en el amor y que los regalos auténticos son los que se hacen con el corazón.

A día de hoy la Navidad se ha distorsionado a causa del mercantilismo y el consumismo imperantes. De ahí la aparición del simpático y bonachón Santa Claus, que trae regalos a los niños que se portan “bien”, y muchos regalos a los niños que se portan “muy bien”. Estas fiestas también afectan a los adultos. Por más que no sepamos qué regalarnos, cada año compramos cosas innecesarias para cumplir con la tradición. En algunos casos, parece como si nuestro amor se midiera en función de la cantidad y la calidad de nuestras compras.

Con la Navidad también vuelven las ansiadas comidas y cenas familiares. Sin duda alguna, el momento más esperado del año. Dado que a lo largo de los otros trescientos sesenta y dos días apenas encontramos tiempo para disfrutar de nuestra mutua compañía, los días veinticuatro (“Nochebuena”), veinticinco (“Navidad”) y veintiséis (“San Esteban”) de diciembre son idóneos para pasar un agradable rato juntos y así ponernos al día.

Sin embargo, muchos nos relacionamos no porque queramos o nos apetezca, sino porque sentimos la obligación de hacerlo. No en vano, en cada núcleo familiar se han establecido una serie de ritos y tradiciones, muchos de los cuales son impuestos por la sociedad. Y aunque nunca hemos asumido estos compromiso sociales, se da por hecho que hemos de cumplirlos. Si bien a muchos acudimos con alegría, a otros vamos con cierta pereza y resignación. O dicho de otra manera: vamos para no sentirnos culpables, evitando ser juzgados por el resto de nuestra familia.

ENTRENAR LA COMPASIÓN
“Amad a vuestros enemigos. Bendecid a los que os maldicen. Haced el bien a lo que os aborrecen. Orad por los que os calumnian y os persiguen. Y perdonarlos a todos, porque no saben lo que hacen.”
(Jesús de Nazaret)

Precisamente por este motivo, este próximo viernes, sábado y domingo volveremos a reunirnos con los diferentes miembros de nuestra carismática familia. A su lado compartiremos charlas, turrón, alcohol y villancicos. Con algunos el trato es cordial. Con otros, incluso cómplice y amistoso. Y aunque cada hogar tiene su propia historia y su forma única y especial de relacionarse, en cada familia suele haber algún que otro personaje problemático y conflictivo. Por más adornado que esté el salón donde nos reuniremos, bajo la alfombra suelen esconderse todo tipo de miedos, resentimientos y envidias. A veces basta un pequeño comentario para desenterrar viejas heridas emocionales, y que empiece a liarse la marimorena.

Esta es la razón por la que algunos solemos ver estos encuentros como un “problema”. Es decir, como una situación en la que al estar con unas determinadas personas que dicen según qué cosas podemos potencialmente perturbarnos a nosotros mismos. Que si el abuelo gruñón critica nuestro estilo de vida. Que si el tío vanidoso presume de lo que nosotros no tenemos. Que si el primo chistoso nos lanza bromas afiladas sobre nuestra forma de ser. En el nombre de la confianza, parece como si tuvieran carta blanca para decir lo que piensan sin tener que pensar en lo que dicen.

Sea como fuere e inspirados por el mensaje esencial de Jesús, podemos aprovechar estos tres días navideños para entrenar los músculos de la empatía, la aceptación, el perdón y la compasión. Gracias a estas cualidades, podemos ver estos encuentros no como “problemas”, sino como “oportunidades de aprendizaje”. No obstante, nadie puede herirnos emocionalmente sin nuestro consentimiento. También es fundamental recordar que todo el mundo lo hace lo mejor que puede en base a su nivel de comprensión y a su grado de bienestar.

De hecho, nuestros familiares más conflictivos son precisamente los más egocéntricos y, en consecuencia, los que más sufren. Y dado que viven y funcionan de forma inconsciente, no son dueños de sus pensamientos, de sus palabras, de sus actitudes ni de sus conductas. De ahí que en última instancia no sean responsables de sus actos. Paradójicamente, no existe ningún escenario mejor para practicar el verdadero amor que el que nos proporcionan estas conflictivas ceremonias navideñas.

¿QUÉ HA SIDO DEL FUEGO?
“Ama al prójimo como a ti mismo.”
(Jesús de Nazaret)

Hace muchos siglos, un hombre descubrió el arte de hacer fuego. Al día siguiente, cogió todos los elementos necesarios y se dirigió hacia el norte, donde se encontraban las tribus que más sufrían los efectos del frío glacial. Nada más llegar, les enseñó cómo crear fuego, así como sus enormes ventajas para la supervivencia. En un par de días, los habitantes ya sabían encender hogueras y las utilizaban para cocinar y calentarse.

Y antes de que tuvieran tiempo de darle las gracias al inventor, éste ya se había marchado. No estaba interesado en recibir agradecimientos ni alabanzas. Sólo quería que la gente se beneficiara del fuego. Y así fue como poblado tras poblado, poco a poco su fama empezó a extenderse por el país.

Sin embargo, de pronto se encontró con un gran obstáculo. Los sacerdotes de la época comenzaron a temer la enorme popularidad cosechada por aquel sabio inventor. Estaba disminuyendo la influencia y el control que tenían sobre la gente. Por esa razón decidieron envenenarlo. Y los habitantes, desolados, empezaron a sospechar de los clérigos. Para evitarse mayores conflictos, los sacerdotes mandaron hacer un enorme retrato del inventor. Lo colocaron en el altar principal de cada templo y crearon una serie de rituales para honrarlo. Pero ya nadie hacía fuego.

Así fue como cada semana la gente acudía en masa a las iglesias a rendir homenaje al inventor y a los elementos que permitían crear fuego. Las ceremonias se seguían al pie de la letra. Se habían convertido en una tradición nacional. Los sacerdotes recordaban por medio de grandilocuentes sermones los beneficios inherentes al fuego. Y la gente aplaudía y los veneraba. Todo el mundo hablaba del inventor. Y así ha sido desde hace más de dos mil años. A día de hoy abundan las estampitas que ilustran las llamas. Y los cantos sobre el calor y el olor que desprendía. Sin embargo, desde la muerte de aquel inventor, en aquel lugar jamás se ha vuelto a encender fuego.

Artículo publicado por Borja Vilaseca en El País Semanal el pasado domingo 19 de diciembre de 2010.

By |2018-10-02T17:11:04+00:0019 diciembre, 2015|Familia y pareja|21 Comments

21 Comments

  1. Borja 7 diciembre, 2016 at 9:06 am

    Das por supuesto aspectos históricos relevantes que, en honor a la humildad y a la verdad, hubiese dicho que es opinión personal, en ven de sentenciarlas como verdades. La reflexión sobre la esencia del mensaje de Jesús es interesante y acorde al evangelio. Con respecto a la institucionalización, es una lectura sesgada, una voz no autorizada para explicar la evolución y la trascendencia de la misma, no por ello criticable en sus manifestaciones a partir de acontecimientos ciertos, como ocurre con cualquier manifestación humana o de otras instituciones a lo largo de la historia. Esperaba otra cosa de este artículo, un cierto rigor intelectual en cierta materia de la que se osa hablar con datos manipulados, interesados y sesgados, propios de la intencionalidad de quien se cree autorizado para afirmarlos. Saludos

    • Montserrat 20 diciembre, 2017 at 12:35 pm

      De acuerdo

    • juanma 24 enero, 2018 at 2:33 am

      Si. Estoy deacuerdo, creo k no hace referencia a la base del evangelio correctamente xk es cierto solo en parte lo k dice este autor. Tampoco entiendo porque manipula lo que dice Mateo 6.33. El reino no esta dentro nuestro si fuera asi no pediría “venga tu reino”, ni diria juan el bautista “el reino de los cielos se ha acercado”, la historia de la religion no es cierta tampoco porque primeramente se extendio x asia y africa mientras lentamente lo hizo en europa de forma clandestina a traves de evangelistas hasta que se legalizo. Habla de la biblia sin entender y sacando de contexto para afirmar ideas personales. Se habla de Cristo como filosofo y pensador y obvia hasta el propio significado de Jesucristo. No le importaba el regimen del momento, solo le importaba la gente. Nose k decir… Lo veo un mensaje positivo mal fundamentando.

  2. Maden Castillo 7 diciembre, 2016 at 2:44 pm

    Muchas gracias por compartir tu artículo. Me ha parecido interesantísimo, pero podrías ampliar la información sobre el hecho de que El País censuró su publicación? Me parece importante conocer los detalles y argumentaciones. Gracias de nuevo y saludos.

  3. Pablo Ferrin 8 diciembre, 2016 at 5:12 am

    Pablo es realmente interesante léelo y te recomemos sigue a Vilaseca es muy bueno

  4. José 8 diciembre, 2016 at 12:42 pm

    Cuanta verdad en este artículo. Es la pura realidad de lo que sucede hoy en día.
    El mercantilismo y el consumismo absorben nuestras vidas.
    No haremos nada pero con el tiempo seguro que algo cambiará. ¡esperemos que sea para algo mejor!

  5. Claudia 8 diciembre, 2016 at 6:02 pm

    De lo mejor que he visto publicado!!!…Me encanta todo lo que escribe!!!..Soy su fan mexicana!!!..Dios le siga bendiciendo e iluminando. Gracias por compartir!!

  6. […] como recomienda Borja Vilaseca en su artículo Cómo Sobrevivir a la Navidad “aprovechar estos días navideños para entrenar los músculos de la empatía, la […]

  7. josé 9 diciembre, 2016 at 3:11 pm

    el mensaje es bueno, pero el artículo es bastante flojo, sobre todo en la parte histórica.

  8. Cesar Didi 13 diciembre, 2016 at 9:04 am

    ¡ Pues nosotros para estas Navidades nos vamos a regalar el curso de Borja Vilaseca de febrero en Barcelona !

  9. Iosu 19 diciembre, 2016 at 11:47 pm

    Desde que venimos a este mundo, todo son pruebas. Como leer este artículo de Borja. Yo creo que el conocimiento también nos ayuda para conectar con nuestra esencia. La realidad es perfecta, aunque nos cueste a veces reconocerla. Que siga la vida …

  10. […] Mas el consumismo, a veces me supera, comprar por comprar, regalar porque toca regalar, porque la sociedad lo impone, sin más sentido. “Parece como si nuestro amor se midiera en función de la cantidad y la calidad de nuestras compras” dice el escritor y filósofo Borja Vilaseca en un artículo sobre cómo sobrevivir a la Navidad. […]

  11. Gustavo 22 diciembre, 2016 at 6:13 pm

    desde el corazón…creo, y aprendiendo a sentir…
    agradezco este presente y deseo para toda la humanidad, PAZ Y BIENESTAR.

  12. Cómo sobrevivir a la Navidad – Recuperando el mensaje de Jesús

  13. Fernando 20 diciembre, 2017 at 12:13 pm

    Me ha encantado la historia del fuego, efectivamente, así es. De hecho, más de un historiador ya apunta a que en realidad Jesús no nació en el actual mes Diciembre, pero el imperio Romano adoptó está fecha ante la imposibilidad de suplantar la popularidad de las saturnales romanas, una fiesta mucho más prosaica, y que se parece mucho más a nuestra actual Navidad.

  14. Montserrat 20 diciembre, 2017 at 1:07 pm

    El mensaje de Jesus ha sido mas que utilizado a traves de estos dos ultimos milenios sin resultados positivos, mas bien al contrario. Y la cosa va de mal en peor. Esperaba algo mas innovador por parte de Borja.

  15. Montserrat Mendoza 20 diciembre, 2017 at 11:58 pm

    Porque no hay mayor riqueza que la que riega nuestro corazón en cualquier época del año. La mejor forma de vivir la Navidad no creo que sea otra que seguir viviendo cada día con la misma intensidad que tu cuerpo y mente te permita, nosotros hacemos los días especiales, no las fechas, demos la mejor versión de nosotros sea el momento que sea, de este modo , todos los momentos serán mágicos y todos los días Navidad de la buena .

  16. Helen 21 diciembre, 2017 at 7:44 am

    El amor es mentira

  17. Ciara 21 diciembre, 2017 at 1:59 pm

    Creo que Borja está muy acertado en el mensaje subyacente que traslada y que con eso hay que quedarse. Observarse desde el ego y en definitiva tratar de ‘ lidiar’ con estas fechas algo complicadas y excesivas lo mejor posible.
    Grande Vilaseca !

  18. […] estàs com jo, el deixo aquest article de Borja Vilaseca: <em>Cómo sobrevivir a la Navidad, que parla del Nadal i com podem sobreviure si encara estem lligats al què hem de fer per tal que […]

  19. Lina Gómez 24 diciembre, 2017 at 7:18 am

    Gracias!! Demasiado coherente, claro e interesante!!

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