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Disciplina holística

A lo largo del proceso de transformación, la mayoría de personas que hemos asumido el compromiso de estar bien con nosotros mismos solemos encontrarnos con una misma dificultad: a pesar de conocer y comprender los comportamientos negativos e impulsivos de nuestro tipo de personalidad, ego o falso yo, muchas veces no somos capaces de trascenderlos y continuamos siendo víctimas de ellos.

Lo cierto es que llevamos tantos años viviendo en la inconsciencia de nosotros mismos, que al principio seguimos actuando por inercia. En ocasiones llegamos a ser conscientes de nuestra inconsciencia, pero la falta de energía es la que nos impide dejar de reaccionar mecánicamente ante determinados estímulos externos.

Y no es para menos: solemos dedicar entre ocho y once horas al día a ocupaciones laborales estresantes, y cuando salimos a la calle somos bombardeados por miles de anuncios publicitarios que acaparan nuestra atención. Además, apenas practicamos el silencio en nuestras vidas, con lo que la mente se convierte en un gran contenedor de imágenes, sonidos y demás experiencias, que se filtran diariamente a través de nuestros sentidos para terminar en algún oscuro rincón de nuestro inconsciente.

Así, a la hora de la verdad, solemos decirnos a nosotros mismos que no tenemos tiempo o que estamos demasiado cansados para cultivar nuestro desarrollo personal. Pero son precisamente este tipo de excusas las que nos mantienen esclavizados a nuestra mente y, por ende, a nuestra personalidad, ego o falso yo. No se trata de abandonar nuestras responsabilidades cotidianas, pero sí de reflexionar acerca de hasta qué punto nos compensan. Al fin y al cabo, encontrar el equilibrio entre lo que creemos que debemos hacer y lo que sabemos que nos conviene siempre recae en uno mismo.

A continuación se detallan brevemente algunas de las disciplinas milenarias que contribuyen notablemente a incrementar la energía que necesitamos para poner en práctica todo lo que sabemos, así como para mejorar nuestra salud a través de los tres tipos de alimentos que esencialmente consumimos: oxígeno (respiración), nutrientes (alimentación) e impresiones (pensamientos). La finalidad última de esta disciplina holística es llegar a ser plenamente conscientes de nosotros mismos para fluir en paz y armonía con la realidad de la que formamos parte.

Respiración

A través de la respiración llevamos oxígeno a la sangre, que lo transporta hasta las células, lo que nos es imprescindible para poder vivir. También tiene la función de eliminar muchas de las toxinas que acumulamos en nuestro organismo, procedentes de la negatividad, la ansiedad y el estrés que nos genera el actual ritmo de vida. Sin embargo, muy pocas veces somos conscientes de que respiramos y nuestro aliento suele ser demasiado escaso como para que el aire purifique todo nuestro cuerpo. Por eso es importante hacer consciente este proceso. Hemos de acostumbrarnos a respirar más profundamente más a menudo, y a hacerlo por medio de nuestra nariz. Lo interesante de este ejercicio es que lo podemos hacer en cualquier lugar y en cualquier momento.

Cuando nos hacen esperar, por ejemplo, es una oportunidad para ponerlo en práctica. No cuesta nada y nos aporta mucho. Eso sí, más allá de la oxigenación, respirar también nos ayuda a apaciguar nuestro interior, así como a calmar los pensamientos que aparecen en nuestra mente. Está demostrado que estimula y refuerza nuestro sistema inmunológico, estabilizando nuestras emociones y permitiendo que nuestro cuerpo funcione más armónicamente.

Para ello, es muy recomendable tumbarse en la cama o sentarse en una silla, manteniendo siempre la espalda recta. Una vez nos hemos acomodado en una de estas dos posiciones, comenzamos a inspirar y espirar profundamente por la nariz, a modo de calentamiento. A continuación, inspiramos durante cuatro segundos, retenemos en nuestro interior doce segundos y finalmente espiramos el aire lentamente durante otros ocho segundos. A lo largo de esta serie es recomendable contar los segundos, de manera que evitemos todo tipo de distracciones mentales.

Al repetir este ejercicio un mínimo de 15 veces nos sentiremos mucho más tranquilos y serenos, con más conciencia para volver a enfrentarnos a la realidad. Practicar este ejercicio no sólo contribuye a relajarnos profundamente, sino que también limpia nuestros pulmones y tonifica nuestro cuerpo.

Alimentación

Además del oxígeno y del agua, necesitamos alimentos para sobrevivir. El proceso que controla y transforma la ingesta de comida en nutrientes es el metabolismo, que hace llegar el azúcar derivado a las células de nuestro cuerpo. Los diferentes órganos que poseemos son las máquinas que utiliza nuestro metabolismo para realizar su cometido y las hormonas, las trabajadoras que posibilitan el funcionamiento de estas máquinas. Para que todo este proceso se desarrolle lo mejor posible, es esencial que aprendamos a comer alimentos sanos –evitando en la medida de lo posible los congelados– y a hacerlo de forma equilibrada.

Una dieta de estas características pasa por la combinación más o menos equitativa de los tres macronutrientes en cada ingesta: las proteínas, que incluyen la carne, el pescado y sus derivados, como el huevo, el embutido, la leche y demás lácteos, así como algunas fuentes vegetales, como la soja y el tofu; los carbohidratos, que engloban la fruta, la verdura, la pasta, el arroz, el cereal, el dulce y el alcohol; y las grasas, como las animales, por un lado, que encontramos en la carne, el huevo, el embutido y los derivados lácteos, y las vegetales, por el otro, que están en el aceite, los frutos secos y el aguacate.

Los expertos recomiendan optar por las proteínas que contengan menos grasas, por los carbohidratos menos densos en azúcares y por las grasas vegetales. Así se lo ponemos más fácil a nuestro metabolismo. También hemos de tener en cuenta que dado que el azúcar en sangre está estable durante unas tres horas y media, lo más sano es comer tres veces al día moderadamente y picar algo entre medio de cada una de ellas. Para ello, es muy importante mantener la conciencia de nosotros mismos mientras comemos. Sólo así podremos percibir cuándo tenemos suficiente y no sobrepasarnos tanto por exceso como por defecto. Además, así nos acordaremos de masticar bien todo lo que comemos, saboreando y disfrutando mucho más del intenso placer que es la gastronomía.

Comer adecuadamente nos proporciona la energía que necesitamos para ser y hacer durante el día lo que más nos conviene en cada momento. Beber un par de litros de agua al día, por otro lado, nos ayuda a limpiar nuestro cuerpo y también contribuye notablemente a mejorar nuestro bienestar físico y mental.

Yoga

El yoga es un sistema filosófico procedente de la India que en sánscrito significa “unión”. Esta práctica milenaria concibe al ser humano como una unidad, donde el cuerpo y la mente están estrechamente relacionados. Por medio de una serie de posturas corporales (asanas) y su correspondiente técnica de respiración (pranayama), el yoga nos ayuda a serenar nuestra mente para tomar más conciencia de nosotros mismos y de la realidad de la que formamos parte. Además, desde la primera clase empezamos a percibir los beneficios que esta disciplina psicofísica aporta a nuestra salud, que se van incrementando a lo largo de la práctica.

No en vano, en Occidente se ha consolidado como una excelente forma de cultivar nuestro bienestar físico y psíquico. Entre sus principales efectos positivos destaca la reducción de estrés y ansiedad; el contacto con nuestro cuerpo y la comprensión de cuales son sus funciones y necesidades; la mejora de la circulación sanguínea y de los órganos y tejidos internos; el aprender a respirar de forma correcta y natural; y el incremento de la flexibilidad y movilidad de las articulaciones, que contribuye a eliminar progresivamente contracturas musculares y dolores crónicos.

En definitiva, el yoga nos aporta la energía y la sabiduría que necesitamos para ser más conscientes y capaces de desidentificarnos de nuestra personalidad, ego o falso yo y afrontar los retos y obstáculos de cada día de manera más serena y positiva. Lo cierto es que al ser una disciplina tan eficaz, también se concibe como un estilo de vida basado en alcanzar la plenitud por medio de la satisfacción de tres necesidades esenciales: la física (salud y actividad), la psicológica (conocimiento y control de la mente) y la espiritual, relacionada con la felicidad y paz interiores. Eso sí, se trata de una práctica que requiere una voluntad inicial importante.

Los ejercicios psicofísicos que se practican tienen la finalidad de expandir y flexibilizar todas las articulaciones de nuestro cuerpo, lo que al principio puede causar bastante dolor, sobre todo si no se goza de una buena complexión física. Pero como con el resto de esfuerzos, el yoga también da sus frutos: si se toma en serio durante los primeros meses, termina por convertirse en una actividad alquímica, que nos transforma completamente. Dada la creciente proliferación de esta disciplina oriental en España, seguramente encuentres un centro cerca de casa. Infórmate acerca de los diferentes tipos de yoga y descubre cuál es el que más te convence. Los expertos recomiendan practicarlo al menos dos veces por semana.

Contemplación activa

La contemplación activa es una de las formas más sencillas y asequibles para empezar a ver la realidad sin los prejuicios y limitaciones que nos impone nuestra mente agitada. De lo que se trata es de ser cada vez más capaces de controlar el río de pensamientos que fluyen descontrolados por nuestra cabeza. Para ello, lo mejor es empezar por esta práctica, que consiste en sentarse en algún lugar concurrido y observar todo lo que acontece ante nosotros. Más que nada, porque si comenzamos por situarnos delante de una pared en blanco nos será dificilísimo no ser víctimas de nuestros pensamientos. Para que esto no ocurra, es muy recomendable ir a un parque, por ejemplo, y sentarse en un banco.

El objetivo de este ejercicio es relajar la mente por medio de la contemplación. Al principio es normal sentir todo tipo de ansiedades interiores, que percibimos como sensaciones desagradables. Lo importante es no dejarse llevar por ellas y permanecer en silencio todo el tiempo. Eso sí, en orden a calmarnos, es útil preguntarse: ¿qué le falta a este momento? La respuesta es “nada”, porque la finalidad de la contemplación activa es serenar la mente para ser más conscientes de nuestra paz interior.

Si la incomodidad que sentimos en el vientre persiste, es bueno recordarse que se trata de un engaño de nuestra mente, nada más. Transcurridos los primeros quince minutos, todo es mucho más fácil. Poco a poco observamos con mayor nitidez cómo las personas que nos rodean disfrutan de su ocio, fijándonos también en la naturaleza que nos envuelve.

Así, por mucho que las primeras veces nos cueste, intentamos no etiquetar ni nombrar nada de lo que vemos. Tan sólo miramos lo que nos rodea y aprovechamos para respirar por la nariz profundamente. A no ser que estemos muy descentrados, empezaremos a sentirnos más tranquilos e incluso percibiremos en nuestro interior los beneficios de este merecido descanso mental. Lo curioso es que aún estando solos, si conseguimos relajar nuestra mente nos sentiremos cada vez más unidos con la realidad que estamos observando.

Si lo pensamos detenidamente, observador y observado somos lo mismo: los dos formamos parte de la realidad. Los dos somos la realidad. Es como un pez que observa a los otros peces que habitan en su pecera. Y si no comprobémoslo estando más atentos a las reacciones de las personas a las que estamos mirando. ¿Acaso no nos echan un vistazo al pasar por nuestro lado? Nuestra presencia condiciona su forma de ser y de actuar, aunque sólo sea mínimamente.

El caer en la cuenta de esta correlación puede ayudarnos a comprender que nuestra personalidad, ego o falso yo es la que nos hace sentir como si fuéramos un ser separado de todo lo demás. Pero no es así. Al tomar más conciencia de nosotros mismos, nuestras decisiones y forma de actuar dejan de ir encaminadas a obtener nuestro propio provecho y comienzan a tener más en cuenta las consecuencias que reportan hacia los demás. Más que nada porque ellos también forman parte de nosotros. Por eso hacer el bien a otra persona desinteresadamente es tan gratificante.

La contemplación activa es, en definitiva, una práctica muy útil para empezar a dar nuestros primeros pasos para liberarnos de la tiranía de nuestra mente, que tanto nos separa y limita cuando está agitada, descontrolada e inquieta. Pero basta centrar nuestra atención en la realidad de la que formamos parte, sin hacer juicios ni valoraciones, para que lenta y paulatinamente vayamos recuperando su control y, por ende, el contacto con nuestra esencia. Eso sí, no te creas nada sin haberlo corroborado mediante tu propia experiencia.

Pensamiento positivo

El pensamiento positivo nos puede cambiar la vida. Al tomar conciencia de que somos la realidad que percibimos a través de nuestros sentidos, confirmamos que la manera en la que nos sentimos determina nuestra forma de ser y de vivir en el mundo. Si estamos tristes, veremos tristeza en aquello que estemos observando. Si estamos alegres, veremos alegría. Más que nada porque solemos proyectar nuestro estado de ánimo al etiquetar aquello que vemos.

Así, hemos de ser conscientes de la responsabilidad que esta evidencia implica. Sobre todo porque nuestro pensamiento tiene unas consecuencias brutales sobre nuestro organismo. Cualquier pensamiento genera inmediatamente una emoción, que a su vez condiciona nuestra manera de actuar. Por eso, si pensamos positivamente estaremos dando el primer paso para llevar a buen puerto cualesquiera sean nuestras intenciones. Concebir pensamientos que provoquen instantáneamente emociones como la alegría, la paz, la armonía y el bienestar refuerzan nuestro sistema inmunológico y, por ende, mejoran notablemente nuestra salud y calidad de vida.

En cambio, si pensamos negativamente lo único que conseguimos es envenenarnos a nosotros mismos con emociones tan nocivas y destructivas como el odio, la ira, el resentimiento y la venganza. Y más vale que tengamos cuidado: con el tiempo vamos creando sólidas redes neuronales, que pueden llegar a convertirnos en adictos a este tipo de emociones, lo que genera que nuestra vida se oscurezca y seamos víctimas del colmo de nuestra personalidad, ego o falso yo: la depresión.

Además, dado que no somos capaces de controlar la mayoría de las situaciones externas que nos suceden, tan sólo nos queda la libertad de escoger de qué forma interpretamos estos hechos. De nosotros depende intentar ver lo positivo de cada cosa que nos ocurra, así como también depende de nosotros quedarnos con la parte negativa. Así, somos en parte dueños de nuestro destino. Por eso, al interiorizar la poderosa influencia que tienen nuestros pensamientos sobre nuestra existencia, tan sólo queda hacernos una pregunta: ¿qué queremos: reforzar nuestro interior con positivismo y vitalidad o destruirlo a base de negatividad y conflicto?

Y si todavía no lo vemos claro, basta con que ahora mismo nos pongamos a pensar en momentos bellos y hermosos de nuestra vida, por un lado, o en situaciones desagradables y penosas, por el otro. Dejémonos llevar por estas dos vertientes durante unos minutos, primero por una y después por la otra, y verifiquemos el impacto que tienen estas dos opuestas formas de pensar en nosotros y en nuestra vida. La primera tendencia nos conduce hacia nuestra esencia y la segunda suele invadirnos cuando estamos identificamos con nuestra personalidad, ego o falso yo. Y así, vemos que todos nosotros somos alquimistas, capaces de convertir el plomo en oro y viceversa.

Meditación

La meditación es una técnica milenaria, que consiste en cultivar el silencio en nuestra mente para ser plenamente conscientes de nosotros mismos en el aquí y ahora. Existen numerosas técnicas, pero su esencia es más o menos la misma: adoptar una postura corporal estable (sentados con las piernas cruzadas, por ejemplo), con la espalda y la cabeza rectas y erguidas; respirar por la nariz lenta y profundamente; tratar de moverse lo menos posible; e intentar ser conscientes en todo momento de este proceso.

Al principio, los expertos recomiendan observar el proceso de nuestra respiración o visualizar alguna imagen que relacionemos con la paz y la armonía. Así conseguimos mayor fortaleza mental, lo que en las primeras sesiones nos ayuda a no ser invadidos por el torrente de nuestros pensamientos, sobre todo cuando estamos identificados con nuestra personalidad, ego o falso yo. En caso de no poder controlarlos, lo mejor es dejar que fluyan tranquilamente, sin centrar nuestra atención en ninguno de ellos.

La finalidad de la meditación es calmar la mente, no forzar a que se calme. Si bien puede parecer muy complicado, con la práctica aprendemos a ser dueños de nuestros pensamientos y nuestra calidad de vida psíquica mejora notablemente. Entre otros beneficios derivados de la meditación, destaca la reducción de la ansiedad y la sanación de nuestro sistema nervioso; el incremento de la comprensión y concentración; la purificación de nuestro inconsciente; el cultivo de la tranquilidad, el sosiego y el bienestar en nuestro interior; la erradicación del insomnio; la corrección progresiva de la postura de nuestra columna vertebral; y la capacidad de controlar nuestra mente, convirtiéndonos en personas más íntegras, coherentes, equilibradas, creativas y serenas.

Para poder practicar la meditación de forma eficiente, es recomendable recibir instrucción y tutelaje de algún profesional cualificado, que suelen encontrarse en los centros de yoga. A partir de ahí, se puede meditar en casa, siempre y cuando encontremos un lugar tranquilo y silencioso donde sentarnos un mínimo de quince minutos al día. El yoga, por ejemplo, es una disciplina que nos proporciona la energía que necesitamos para que la meditación no nos sea tan complicada.