El apasionante viaje del autoconocimiento

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Por Borja Vilaseca

Para poder cambiar de paradigma y prosperar en la nueva realidad emergente, es fundamental transitar por las tres etapas que forman parte de cualquier proceso de autoconocimiento y transformación personal.

El fin de la Era Industrial está dando paso a una nueva era con sus propias reglas de juego, muy diferentes a las que estamos acostumbrados. De ahí que para obtener nuevos y mejores resultados en el ámbito laboral y económico, sea necesario experimentar un «cambio de paradigma». Es decir, un profundo cambio de mentalidad, aprendiendo a relacionarnos con el sistema de una manera mucho más madura, libre y responsable.

El primer paso es, sin duda alguna, el más difícil. Y consiste en ser honestos con nosotros mismos, atreviéndonos a decir en voz alta que anhelamos un cambio y reconociendo que éste depende enteramente de nosotros. Cambiar de paradigma es un acto de profunda humildad. Implica abandonar la arrogancia de creer que lo sabemos todo y de reconocer que nuestra forma de pensar y de comprender la vida puede ser errónea y limitada.

Así, este proceso de emancipación consiste en asumir la responsabilidad y el protagonismo de resolver -por nosotros mismos- nuestros propios problemas laborales y financieros. Y es esta declaración de intenciones lo que nos lleva a tomar las riendas de nuestra vida. Curiosamente, cuanto mayor es nuestro miedo, más larga es -a su vez- nuestra lista de excusas y justificaciones para no cambiar ni reinventarnos. Y es que cuesta tanto, que muchos solamente nos atrevemos a dar este primer paso después de haber padecido una saturación de sufrimiento. Más que nada porque solo entonces sentimos que no tenemos nada que perder.

PRIMERA ETAPA: CONOCERSE
“Conócete a ti mismo”
Templo de Delfos

La primera etapa de este viaje se llama «autoconocimiento». Este proceso se asemeja mucho al de entrar en una casa que ha estado mucho tiempo abandonada, aislada del mundo exterior. Y es que la mayoría llevamos 30, 40 e incluso más de 50 años sin visitar, ordenar y limpiar nuestro propio hogar. Esta es la razón por la que nada más poner un pié dentro, nos envuelve una oscuridad amenazadora. De ahí que nuestra primera reacción sea salir de ahí a toda prisa.

Los valientes que decidimos adentrarnos a ciegas, poco a poco vamos notando como nuestros ojos se acostumbran a la falta de luz. Y tras dar unos cuantos pasos, finalmente localizamos el interruptor que andamos buscando, también conocido como «consciencia». Y menudo susto nos pegamos algunos cuando vemos con claridad el estado en el que se encuentra nuestra casa interior…

Así, conocernos a nosotros mismos vendría a ser el proceso de reforma integral de nuestro hogar interior. Y no es cuestión de juzgar ni de rechazar nada de lo que veamos. Se trata, más bien, de comprendernos y aceptarnos tal como somos. Y de ponernos manos a la obra, comprometiéndonos con arreglar los muebles, cambiar los cristales, fregar los platos y, en definitiva, hacer lo que haga falta para sentirnos verdaderamente a gusto en nuestra propia casa.

Dicho de otra manera, el autoconocimiento consiste en hacer consciente nuestro «lado oscuro» o «sombra». De ahí que suela utilizarse la metáfora de la «iluminación» para referirse al proceso por medio del cual nos damos cuenta de cuáles son los miedos, inseguridades, carencias, complejos, frustraciones, miserias, traumas y heridas que venimos arrastrando a lo largo de la vida. Por más que las obviemos y no las queramos reconocer, todas estas limitaciones nos acompañan las 24 horas al día, distorsionado nuestra manera de ver el mundo, así como la forma en la que nos posicionamos frente a nuestras circunstancias laborales y económicas.

SEGUNDA ETAPA: DESARROLLARSE
“No permitas que nunca nadie te diga lo que vales. Tú eres el único capaz de saber tu propio valor”
Muhammad Alí

El autoconocimiento no solo se centra en nuestras limitaciones, sino también en nuestras fortalezas. En este punto es donde comienza la segunda etapa de este apasionante proceso, en la que se trabaja el «desarrollo personal». Y en líneas generales, consiste en convertirnos en la mejor versión de nosotros mismos. No en vano, cada uno de nosotros hemos nacido con una serie de cualidades, virtudes, capacidades y habilidades innatas. Pero a menos que sepamos detectarlas y desarrollarlas, permanecen ocultas en las profundidades de nuestro ser. El reto consiste en pelar las numerosas capas de cebolla que nos separan del núcleo, donde reside nuestra verdadera esencia y desde donde reconectamos con nuestro inmenso potencial.

Entre otras cuestiones, el desarrollo personal nos permite conocer y comprender el funcionamiento de nuestra mente, así como dominar y gestionar de una forma más eficiente nuestros pensamientos. En paralelo, también nos capacita para detectar, cuestionar y trascender todas aquellas creencias limitadoras, falsas o erróneas acerca de la visión que tenemos de nosotros mismos y del lugar que ocupamos en la sociedad. Tanto es así, que uno de los principales resultados de este proceso es la sanación de nuestra autoestima y el aumento de la confianza en nosotros mismos.

TERCERA ETAPA: LIDERARSE
“El mundo entero se aparta cuando ve pasar a una persona que sabe hacia dónde va”
Antoine de Saint Exupéry

Una vez sabemos quiénes somos y desarrollamos el potencial que hay dentro de nosotros, entramos en la tercera etapa: el «liderazgo en valores». Por medio de una estrategia orientada al cambio y la reinvención profesional, esta fase nos lleva a descubrir nuestro talento y nuestra vocación. Sólo así podemos orientar nuestra existencia al bien común, desarrollando una función profesional útil, creativa y con sentido que beneficie a otros seres humanos. Son estas revelaciones las que nos permiten crear riqueza y aportar valor a la sociedad, obteniendo ingresos económicos como resultado.

Lo más bonito de este viaje es que en el preciso momento en que vencemos los miedos que nos impiden ser libres, empezamos a escuchar nítidamente los mensajes que nos envía nuestra voz interior. Así es como descubrimos el propósito por el cual estamos aquí. Curiosamente, todas las personas que nos hemos adentrado en este tipo de procesos de cambio, tarde o temprano llegamos a una misma conclusión: que al cambiar la manera de ver las cosas, las cosas que vemos cambian. Y la vida, por fin, empieza a cobrar sentido.

Este artículo es un extracto del libro “Qué harías si no tuvieras miedo”, publicado por Borja Vilaseca en abril de 2012.

6 comentarios
  1. Fabby
    Fabby Dice:

    De verdad que si uno no se conoce y no se es cien por cien honesto con lo que queremos y buscamos, nadie podrá darnos felicidad y mucho menos rumbo. Depende de uno.

    Gracias por el artículo.

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  2. Pol
    Pol Dice:

    Esto es una causalidad muy genial. Estoy remodelando una casa para mí… la compré muy abandonada. En todo momento de este proceso la voy relacionando conmigo misma y con mi autoconocimiento. Me fui dando cuenta de que mi ser estaba abandonado, al igual que mi casa. Cada cosa sucia que tengo que limpiar, o cada cosa que estaba rota y arreglé, la voy relacionando con mi sanación. Estoy reparandome a mi misma, y no es fácil, es un proceso duro. Al comienzo la casa era oscura, y le hice abrir ventanas. Ya entró la luz… veremos como sigue. Gracias por el texto!

    Responder
    • Gustavo
      Gustavo Dice:

      Hey Pol!! tu reflexión me ha “aclarado” la sensación que tengo al mirar a mi alrededor en casa… me cuesta desprenderme de objetos, cosas, generar espacio…
      Tendré presente lo que dices sobre “la sanación”… me reconozco estar en eso…
      abrazo grande desde Argentina

      Responder

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